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Debemos estar atentos en el análisis de cómo alcanzamos nuestros resultados, de qué manera sabemos sacarle provecho al esfuerzo que realizamos en pro de aquello que nos proponemos alcanzar.Para mejorar en muchos aspectos decisivos, es necesario tener bien claro cómo consideramos ciertas cosas en la actualidad. Una perspectiva acerca de nuestra propia actitud actual es completamente relevante, cuando nos proponemos alcanzar una mejoría o aumento del rendimiento.Vale decir, que estamos plenamente identificados con la importancia de evaluar cómo estamos manejando nuestro esfuerzo, revisar de qué manera estamos logrando nuestros resultados.Se nos agrega, que es necesario definitivamente en pro de optimizar el esfuerzo adecuado a fin de que genere resultados positivos, el que definamos bien nuestras metas. Al respecto se nos indica, que una forma de aumentar el rendimiento, es establecer metas inteligentemente. Una meta inteligente nos permite visualizar obstáculos y oportunidades de tal manera que sepamos sortear unos y aprovechar las otras.Las metas no deben fijarse tan altas, en donde se sospeche que no la podemos alcanzar, ni tan por debajo de nuestras posibilidades, hay que estar 100 % seguro de que la lograremos.Las metas deben fijarse de manera que sepamos que es posible alcanzarlas y deben ser de tal forma que siempre estén por encima de nuestro rendimiento habitual. Esto plantea un único problema, que es el de definir bien el punto que es posible alcanzar aunque permanezca por encima de nuestro rendimiento habitual. Ese es el primer problema para nuestra inteligencia con relación a las metas.El otro problema, es la elección de los desafíos que valen la pena aceptar. Un desafío como el que decimos deberá ser algo que nos motorice hacia el aumento del rendimiento. Téngase presente, que tiene que existir siempre un incentivo para aceptar desafíos. Se nos sugiere llevar acabo autoevaluaciones que nos proporcionen información que hagan mejorar nuestro rendimiento. Al respecto, necesitamos recuperar autoconfianza, ya que nos vemos superados por las condiciones o circunstancias en las que nos hallamos. Esto no significa, que por el mero hecho de reconocer la necesidad, tengamos resuelto el punto. Debemos hacer algo más sustancial para volver a pararnos ante los desafíos que encararemos de manera realista y confiando plenamente en nosotros mismos.Hay una serie de recomendaciones que sintetizan los principios clave para optimizar nuestro rendimiento en cualquier área en que nos desempeñemos.
**Evitar negar la realidad: podemos caer en la tendencia a negar la realidad con más facilidad que en la de percibirla tal cual es. Negar es desinformarnos. Menos información es menos oportunidades.
**No planificar sin entrar en acción: demasiado análisis produce parálisis y demasiada planificación es peor aún que la acción sin planificación.
**Evitar actuar por motivaciones confusas: las motivaciones son más importantes que los logros. Esclarece todo propósito que te impulsa.
**No hacer esfuerzos sin planificar: piensa en el objetivo, los medios y la estrategia. La impulsividad origina derroches y pérdidas.
**Procurar adoptar valores propios: si no hemos clarificado bien nuestros motivos ni lo que el logro del objetivo significa para nosotros, funcionamos sin dirección propia y podemos llegar a boicotearnos con las contradicciones eventuales. Así ponemos en riesgo nuestro progreso o evolución.
**Evitar tener estimaciones de tiempo y expectativas poco realistas: toma perspectiva y observa a las cosas como parte de un proceso y no como acontecimientos aislados.
**Evitar el desperdicio de energías: quien mucho pretende abarcar, poco puede controlar. Procura hacer un trabajo excelente en objetivos elegidos sin derrochar energías en demasiados frentes.
**Evitar intentar siempre hacer todo solo: innumerables veces necesitamos la cooperación y la ayuda de otros. Aprende a pedir ayuda o colaboración cuando lo necesites.
**No tener miedo al fracaso: el miedo al fracaso es el verdadero origen del mismo. Y el miedo sólo se mantiene firme, sólo cuando el conocimiento está ausente; el temor retrocede ante el conocimiento. Para cambiar de ánimo, procura aumentar el conocimiento sobre la situación o el ítem.
**Siempre intentar enfocar la atención: los logros requieren de concentración. Mejora tu capacidad de ponerte en acción y permanecer enfocado cada vez por más tiempo.Por otra parte la psicobiología nos insiste en dormir bien, reducir el estrés y aportar a la dieta los suplementos vitamínicos necesarios para afrontar biológicamente el esfuerzo.

Los pasos para identificar los diálogos internos (pensamientos automáticos) y pensar correctamente se mencionan a continuación. Los diálogos internos son taquigráficos, breves, automáticos y tienen la característica de facilitar o inhibir la acción. Sujetos con la misma estructura de personalidad, comparten los mismos diálogos internos. Guían, a modo de autoinstrucciones la acción.
Hay que aprender a detectar los diálogos internos. Los pasos que sugiero son los siguientes. Detectar los diálogos internos. Son una comunicación privada, e intrapersonal. Personas con los mismos rasgos de personalidad los comparten. Pueden ser de dos grandes tipos; diálogos internos facilitadores de la acción (“seguí, va bien”). O inhibitorios de la acción (“cállate, estás metiendo la pata”).
Es decir son de naturaleza autoinstruccional, pues en alguna manera conducen la acción. Los diálogos internos pese a su brevedad, generan un estado emocional que distorsiona el propio pensamiento. El pensamiento propiamente dicho a diferencia de los diálogos internos es poseedor de un propósito, en más extenso y sigue las reglas de la lógica y de la estructura. Hay que aprender a saber en qué momento se gatilla un diálogo interno, y si se ajusta al contexto situacional en que se desarrollan los hechos. Es menester aclarar que como toda nueva práctica, su repetición la transformará en un hábito positivo.
1. Identifica tus pensamientos automáticos. El primer paso para poder cambiarlos es llegar a ser consciente de esos pensamientos automáticos preconscientes. Para ello puedes guiarte por tus emociones, de modo que cada vez que estás en una situación en la que te sientes mal, presta especial atención a lo siguiente:
*Lo que te dices a ti mismo. Cuanto más intensa sea la emoción más evidentes (y fáciles de detectar) serán los pensamientos automáticos.
*Las imágenes mentales. Si te imaginas, por ejemplo, en una situación humillante, es muy probable que sientas vergüenza.
*Cómo lo que te dices y lo que imaginas está influyendo en tus sentimientos y emociones.
*Cuando las emociones no son muy intensas resulta un poco más complicado detectar los pensamientos automáticos. En estos casos prueba a decirte diferentes cosas hasta que encuentres alguna frase que intensifique esos sentimientos. Con la práctica te irá resultando cada vez más fácil.
2. Identifica tus procesos mentales secundarios. Son otros pensamientos automáticos que siguen y son consecuencia de los primeros. Por ejemplo, alguien critica tu trabajo y tú lo interpretas como un ataque, de modo que tu pensamiento automático es "me ha insultado". Después aparecen otros pensamientos (procesos secundarios), como "me las va a pagar" o "bueno, tal vez no ha sido un insulto" o bien "tendré que mejorar para que no vuelva a pasar esto" o "es mejor no hacerle caso".
3. Identifica tus respuestas conductuales. Los pensamientos automáticos pueden llevarte a actuar de un modo otro. En el ejemplo anterior, tu comportamiento dependerá de lo que has pensado. Por ejemplo, puedes atacar verbalmente a quien te criticó; ponerte a trabajar más duro, no hacer nada en absoluto, etc.
4. Identifica tus "zonas sensibles". Se trata de aquellas cosas que te sacan de quicio y ante las cuales reaccionas con más intensidad que la mayoría de las personas. Son un indicio de que tu pensamiento constructivo es muy malo es esos casos y necesitas mejorarlo. Por ejemplo, puedes ser especialmente sensible al rechazo, al fracaso, a lo que otros piensen de ti, etc.
Identificar las consecuencias.
Normalmente, tus pensamientos destructivos serán seguidos por otros pensamientos que se derivan de los primeros. Por ejemplo, alguien te hace una crítica, la interpretas como un ataque y eso te lleva a pensar que deberías vengarte. Así, entre otras se pueden mencionar las siguientes respuestas:
*Pensamiento no realista. Se trata de un pensamiento inexacto. Suele darse cuando somos muy sensibles a un determinado tema y no se hace una evaluación objetiva de la realidad. Sin embargo, no todo pensamiento no realista es inadecuado. A veces es mejor darle a una persona el beneficio de la duda y ser optimista.
*Negación: negarte a aceptar como cierto aquello que no quieres creer. Por ejemplo, negar la existencia de una enfermedad grave.
*Auto-denigración: pensar que eres un fracasado, estúpido, sin valor, inadecuado, etc. Este pensamiento generalmente implica generalización excesiva, pensamiento categórico e hipótesis inverificables.
Comportamientos inadecuados.
Tras los pensamientos destructivos y las respuestas mentales secundarias, puede producirse una acción. En el ejemplo anterior, tras considerar la crítica un ataque y decidir vengarte, podrías atacar verbalmente a esa persona.
*Ataque. Significa intentar herir a alguien física o psicológicamente. A veces es un modo de protegerte, pero la mayoría de las veces es mejor ser asertivo y hacer valer tus derechos o exponer tus puntos de vista sin atacar.
*Expresiones emocionales descontroladas: expresar libremente tus emociones sin tener en cuenta las consecuencias. Los buenos pensadores constructivos muestran un mayor control sobre sus emociones, sin dejarse llevar por ellas ni reprimirlas.
*Autocastigo. Cuando te castigas a ti mismo por considerarte una persona inadecuada o estúpida.
*Dependencia. Buscar la ayuda y el consejo de otros en exceso o en situaciones en las que deberías apañártelas por ti mismo.
*Expresión emocional excesivamente controlada: control emocional excesivo que interfiere con tu espontaneidad e impide relaciones satisfactorias y que lleva a la evitación de los problemas más que a su solución.
*Independencia excesiva. Insistir en hacer las cosas por ti mismo cuando sería mejor hacerla con ayuda de otros. Ten en cuenta que a las personas que te quieren les gusta saber que cuentas con ellas y poder ayudarte de vez en cuando.
*Retirada. A veces está bien abandonar la lucha si no está dando ningún fruto, pero retirarse y no hacer nada puede perjudicarte en casos en los que podrías solucionar el problema si te implicaras y tomaras parte activa.

Hay herramientas buenas para alcanzar un crecimiento personal que nos favorezca para integrarnos armónicamente, con respeto, saber decir no, siempre y cuando nos identifiquemos con ellas y sepamos manejar adecuadamente. Una de esas herramientas es justamente la asertividad, enplenitud.com. nos indica sobre ello, que la asertividad, define la capacidad de decir “NO” de manera natural, espontánea, sin generar tensión y sin deteriorar la relación con la otra parte. Las personas asertivas por naturaleza, saben decir “NO” sin brusquedad, sencillamente, sin que ello les suponga ninguna dificultad. La palabra "asertividad" se deriva del latín asserere, assertum que significa aseverar con firmeza. Asertividad significa afirmación de la propia personalidad, confianza en sí mismo, autoestima, aplomo, fe gozosa en el triunfo de la justicia y la verdad, vitalidad pujante, comunicación segura y eficiente
La asertividad proviene de un modelo clínico, cuya definición apunta a un gran conjunto de comportamientos interpersonales que se refieren a la capacidad social de expresar lo que se piensa, lo que se siente y las creencias. Pero en forma adecuada al medio y en ausencia de ansiedad. Para esto se requiere naturalmente, buenas estrategias comunicacionales. Sin embargo el concepto asertividad ha evolucionado considerándose que la conducta asertiva se refiere a aquellos comportamientos interpersonales cuya ejecución implica cierto riesgo social, es decir que es posible la ocurrencia de algunas consecuencias negativas el término de evaluación social inmediata y/o rechazo. Más aún, la falta de asertividad, dependiendo de la cultura, puede incluso ser valorado por los grupos de pertenencia, a costa de que la persona no logre sus metas personales (tema que hemos tratado en diversas notas de CIUDADANO).
Por tanto la conducta asertiva es aquella que le permite a la persona expresar adecuadamente (sin mediar distorsiones cognitivas o ansiedad y combinado los componentes verbales y no verbales de la manera más efectiva posible) oposición (decir que no, expresar desacuerdo, hacer y recibir crítica, defender derechos y expresar en general sentimientos negativos) y afecto (dar y recibir elogios, expresar sentimientos positivos en general), de acuerdo con sus objetivos. Pero respetando el derecho de los otros e intentando alcanzar la meta propuesta, teniendo en cuenta que la segunda dimensión que no es más que la consecuencia del acto. Existe una tercera respuesta que no toma en cuenta ni la primera ni la segunda y tiende a efectuarse sin meditación por lo que se torna violenta, atacante.
También se la define como una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir. Actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Plantea también, que la asertividad es necesaria y conveniente a causa de los beneficios que genera, entre los que destaca los siguientes:
** Favorece enormemente la confianza en la capacidad expresiva.
** Potencia la autoimagen positiva, pues favorece el sentido de eficacia personal.
** Genera bienestar emocional.
** Mejora la imagen social pues promueve el respeto de los demás.
** Favorece las negociaciones y el logro de objetivos que dependan de la comunicación en general.
La asertividad permite decir lo que uno piensa y actuar en consecuencia, haciendo lo que se considera más apropiado para uno mismo, defendiendo los propios derechos, intereses o necesidades sin agredir u ofender a nadie. Ni permitir ser agredido u ofendido y evitando situaciones que causen ansiedad.
La asertividad es una actitud intermedia entre una actitud pasiva o inhibida y otra actitud agresiva frente a otras personas. Que se reflejan en el lenguaje hablado, y también en el lenguaje no verbal, como en la postura corporal, en los ademanes o gestos del cuerpo, en la expresión facial y en la voz. Una persona asertiva suele ser tolerante, acepta los errores, propone soluciones factibles sin ira, se encuentra segura de sí misma y frena pacíficamente a las personas que les atacan verbalmente.
La asertividad impide que seamos manipulados por los demás en cualquier aspecto y es un factor decisivo en la conservación y el aumento de nuestra autoestima, además de valorar y respetar a los demás recíprocamente.
Una de las razones por la cual la gente es poco asertiva, es debido a que piensan que no tienen derecho a sus creencias, derechos u opiniones. En este sentido, el entrenamiento asertivo no consiste en convertir personas sumisas en quejonas y acusadoras, sino a enseñar que la gente tiene derecho a defender sus derechos ante situaciones que a todas luces son injustas. De aquí la importancia de exponer una serie de ideas falsas y el derecho de la persona que es violado:
**No hay que interrumpir nunca a la gente. Interrumpir es de mala educación.
** Usted tiene derecho a interrumpir a su interlocutor para pedir una explicación.
** Los problemas de uno no le interesan a nadie más y no hay que hacerles perder el tiempo escuchándolos.
** Usted tiene derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.
**Hay que adaptarse a los demás, si no es posible arriesgarnos a perder una amistad.
** Usted tiene derecho a decir "NO".
** Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarle.
** Usted tiene el derecho de decidir cuando prestar ayuda a los demás y cuando no.
Los casos en los cuales no es aconsejable defender nuestros derechos en ese preciso momento son aquellos en los cuales corremos peligro de agresión física o violemos la legalidad (alguien que nos insulta por la calle o superior que nos reprende). Recuerde: para todo hay un momento, y saber encontrar el momento adecuado para decir las cosas es también una habilidad
Por último considérese lo que manualpractico.com nos indica con respecto al decálogo de la asertividad, en donde, cualquiera que sea su situación en la vida, estos principios lo auxiliarán para ser asertivo.
** Manifieste tanto de usted mismo como sea apropiado a las circunstancias y a los individuos.
** Empéñese en expresar todos sus sentimientos, sean de enojo o ternura.
** Examine su conducta y determine las áreas en las que le gustaría llegar a ser más asertivo. Ponga atención más en lo que usted puede aprender a hacer de manera diferente, que en cómo podría cambiar el mundo.
** No confunda agresión con asertividad. La agresividad es una acción contra los otros. La asertividad es enfrentarse apropiadamente a los problemas por sí mismo.
** Tenga en cuenta que puede no ser asertivo en un área y sí asertivo en otra. Aplique en las áreas deficientes las mismas técnicas que utiliza con éxito en las otras.
** Actúe de manera que aumente su autoestima y propio respeto. Practique ser asertivo aun en cosas que parezcan triviales. Si puede decir "haga cola" a una mujer oportunista en el supermercado, también podrá decir a su cónyuge: "No, yo no quiero hacer eso que no me toca hacer".
** No confunda conducta manipuladora con asertividad verdadera.
** Actúe. Realice. Puede encontrar siempre cincuenta razones para no hacer las cosas, y así llegar a ser con el tiempo muy hábil para crearse una vida vacía. Si cambian sus acciones, muy probablemente cambiarán sus sentimientos.
** Entienda que la asertividad es un proceso, no un estado permanente. Así como usted cambia, evolucionan las situaciones de la vida y tendrá que hacer frente a nuevos retos y necesitará nuevas habilidades.
** Piense que siempre existe un modo apropiado de expresar sus mensajes, cualquiera que sean, si se parte del respeto y la humildad. Piense antes de hablar.
El fin del " Entrenamiento asertivo" (entrenamiento grupal), es llevar a la persona a profundizar la experiencia y expresión de su humanidad, no convertirse en un mentiroso ni en un acaparador. Los grupos de entrenamiento asertivo sirven para modificar lo que está a la base del sujeto no-asertivo: la personalidad pasiva y dependiente. Como las asertividad es un problema interpersonal, debe resolverse terapéuticamente en grupos. En mi experiencia son muy efectivos, para logar lo que conceptúo como asertividad: la defensa serena, pero firme, de los derechos de la persona.

Fernando Linares

Muchos tenemos arraigado emociones que se manifiestan de acuerdo a la acción de los estímulos, sean externos o internos que hacen que se emanen, originando muchas veces resultados positivos o negativos de acuerdo a su incentivación.
De ahí, la importancia de evaluar los estímulos y como estamos preparados para autogestionar, manejar adecuadamente las emociones de tal forma que nos favorezcan en nuestro crecimiento personal, que le den paso a sentimientos positivos, que garanticen una buena conducta, comportamiento.
La turbulencia del panorama actual origina una serie de emociones en los individuos que se ven reflejadas en las organizaciones y en la sociedad en general. En tanto que las emociones son el motor de la acción y ésta puede ser positiva o negativa, y de diferente intensidad, esas emociones y los comportamientos que las pueden suceder imprimen en la organización características diversas, que pueden ser favorables: acompañando o promoviendo el crecimiento, o adversas: frenando o impidiendo el crecimiento.
Nos agrega, que la intensidad de una emoción no es un tema menor. Por ejemplo, el estado de alegría puede ser positivo mientras sea el motor motivacional en la realización de proyectos, sin embargo, si éste rebasa los niveles normales hasta convertirse en euforia, puede ocasionar una pérdida de objetividad y caer en imprudencia. O en la temerariedad. Otra de las emociones más comunes y representativas de esta época, por el alto nivel de incertidumbre en el que vivimos, es el miedo, que de manejarse positivamente, genera respuestas inteligentes, pero si se presenta en exceso produce una parálisis parcial o total de las acciones del individuo.
También se puede tomar el caso de la ira, un sentimiento que experimenta el individuo como resultado de frustraciones y que puede manejarse desde un punto de vista positivo para alcanzar los objetivos de desarrollo personal e incluso organizacional; sin embargo, cuando la ira deja de ser transitoria, o se reprime y se convierte en resentimiento, genera conflictos interpersonales que afectan negativamente el desarrollo de la organización.
Comenta además, que entrenarse en el desarrollo de las aptitudes emocionales permite desarrollar la capacidad de manejar las emociones idóneas para cada acción y regular su manifestación, manteniendo el equilibrio emocional; transmitiendo estados de ánimo para generar actitudes y respuestas positivas; aprendiendo a evaluar el costo emocional de situaciones y acciones; desarrollando destrezas sociales, forjando y manejando relaciones con clientes, proveedores, colegas, etc.; realizando un plan de aplicación en el terreno de nuestra esfera de influencia empresarial y laboral, extendiéndolo a la vida familiar y social.
Expresa Goleman: "las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidades de sentirse satisfechas, ser eficaces en su vida y de dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad; las personas que no pueden poner cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores que sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y pensar con claridad".
De hecho, la estructura emocional básica puede ser modificada mediante una toma de conciencia y cierta práctica: los circuitos neurológicos involucrados pueden alterarse o reforzarse con la repetición de ciertos hábitos. Allí se abre una oportunidad única para desarrollar la Inteligencia Emocional: la infancia y la adolescencia son dos momentos críticos. Pero en la madurez la mayoría de las personas pueden educar con ventaja sus emociones. El aprendizaje es capaz de modelar, en definitiva, algunos aspectos importantes de la realidad emocional individual y colectiva.
Definitivamente, uno debe sorprenderse como ha estado manejando sus emociones, pues ya hay experiencias vividas al respecto, ya se deben haber evaluados aquellas que han conllevado a resultados positivos y negativos, determinándose las causas que la han generado. Corregido todas aquellas que le han dado paso a reacciones que no nos han favorecido en nuestro crecimiento, así como en lo que hemos originado a los demás, ya sabemos cuáles son aquellas emociones que bien administradas, manejadas nos han conllevado a optimizar nuestras relaciones con quienes nos toca actuar diariamente en el escenario donde convivimos.
Es muy válido recordar, que las emociones pueden guiar todas las actitudes de nuestra vida hacia pensamientos y hábitos constructivos, que mejoren en forma absoluta los resultados finales que queremos alcanzar, simplemente no hay que descuidarlas y siempre manejarlas. Nunca que ellas nos manejen a nosotros.

Fernando Linares.

No cabe la menor duda, que si se puede cambiar la actitud que no nos está dando el resultado que uno espera, sobre todo, cuando nuestro comportamiento nos origina conflictos, perjudicando nuestras relaciones, afectando nuestra conducta, comportamiento.
Se sabe, que el estadounidense Gordon Allport definió actitud como un estado de disposición nerviosa y mental, organizada mediante la experiencia, que ejerce un influjo dinámico u orientador sobre las respuestas que un individuo da a todos los objetos y situaciones con los que guarda relación. En este sentido, puede considerarse la actitud como cierta forma de motivación social -de carácter, por tanto, secundario, frente a la motivación biológica, de tipo primario- que impulsa y orienta la acción hacia determinados objetivos y metas.
A ello se agrega, que la actitud es una forma de respuesta, a alguien o a algo aprendida y relativamente permanente. Suelo definirla como una pre-forma de la conducta, dado que está allí detrás de ella incitándonos (en alguna medida), para la acción o la no acción (inhibición).
El término "actitud" ha sido definido como "reacción afectiva positiva o negativa hacia un objeto o proposición abstracto o concreto denotado".
Las actitudes son aprendidas. En consecuencia pueden ser diferenciadas de los motivos biosociales como el hambre, la sed y el sexo, que no son aprendidas. Las actitudes tienden a permaneces bastantes estables con el tiempo. Estas son dirigidas siempre hacia un objeto o idea particular.
Las actitudes raras veces son asunto individual; generalmente son tomadas de grupos a los que debemos nuestra mayor simpatía.
Las actitudes se componen de 3 elementos: lo que piensa (componente cognitivo), lo que siente (componente emocional) y su tendencia a manifestar los pensamientos y emociones (componente conductual).
Las emociones están relacionadas con las actitudes de una persona frente a determinada situación, cosa o persona. Entendemos por actitud una tendencia, disposición o inclinación para actuar en determinada manera. Ahora bien, en la actitud (prólogo para ejercer una conducta), podemos encontrar varios elementos, entre los que descollarán los pensamientos y las emociones. Por ejemplo, en el estudio de una carrera, si la actitud es favorable, encontraremos pensamientos positivos referentes a ella; así como, emociones de simpatía y agrado por esos estudios. Las emociones son así ingredientes normales en las actitudes.
Todos tenemos determinadas "actitudes" ante los objetos que conocemos, y formamos actitudes nuevas ante los objetos que para nosotros son también nuevos. Podemos experimentar sentimientos positivos o negativos hacia los alimentos congelados, etc.
Al respecto el psicólogo americano James Allen nos señala, que: "Cambia tu actitud y cambiarás tu vida," pero ¿cómo haces eso si no sabes qué hacer? Después de todo, si cambiar la actitud de uno fuera fácil ¿por qué no lo hace más gente? Especialmente si significa que pudieran ser más felices, más contentos, y mucho más exitosos?”
Nos proporciona Allen algunas sugerencias al respecto a fin de cambiar actitud a saber:
** Piensa como quieres estar
Es duro ser feliz, gozoso, exitoso, etc. si no piensas que eres una persona feliz, gozosa, y exitosa. Primero piénsalo, luego ¡hazlo!
** Sonríe
No hay discusión acerca de esto -- las investigaciones han demostrado que sonreír tiene efectos tanto sicológicos como físicos. Entonces, ¡pon una sonrisa en tu cara y estarás encaminado hacia un cambio de actitud!
** Sumérgete tú mismo. Reflexiona y observa tus pensamientos y acciones.
Lee libros, artículos, revistas que te ayuden a comprender y a adoptar la nueva actitud. Mira películas o escucha música que te inspire y te anime a cambiar.
** Cambia tus acciones, viendo cual es la dirección y cual el resultado.
Es duro cambiar tu actitud si sigues haciendo las mismas cosas de siempre de la misma manera. Hay que hacer cosas diferentes para comenzar a pensar diferente.
** Cambia tu medioambiente
Haz que tu medioambiente refleje la actitud que deseas tener. Crea el espacio físico que te haga querer cambiar.
** Sigue al líder. Encuentra a alguien que ya tenga la actitud que deseas tener. Sigue su dirección, aprende de su ejemplo.
** Ayuda a otros (y ayúdate a ti mismo)
Una de las maneras más rápidas de cambiar tu actitud es quitar el centro de atención de ti mismo y ayudar a otros en necesidad.
** Recibe un poco de ayuda de tus amigos
Permite que todos sepan lo que estás haciendo y consigue su apoyo para ayudarte a cambiar y que te den ideas. Mientras más sientas que eres parte del esfuerzo de un grupo, es más probable que tengas éxito.
** Consigue un profesional que te pueda ayudar, si es necesario. Si el cambio que deseas hacer es grande o es extremadamente radical, considera conseguir ayuda de un mentor, consejero, o entrenador. Estos profesionales pueden reducir el tiempo y la frustración que involucra así como también proporcionarte de muchas ideas nuevas para ayudarte a crecer.
** Todo lo dicho, hay que condimentarlo con un poco de paciencia. Se paciente
Reconoce que la mayoría de cambios ocurren lentamente, durante un período de tiempo extendido. Si no recibes resultados inmediatos, no te sorprendas y ¡NO TE RINDAS! Sigue trabajando, llegará la hora del triunfo.

Fernando Linares.

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”.
Proverbio hindú
“La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio”.
Proverbio persa

Se ha preocupado alguna vez en saber usar lo que el silencio manifiesta, lo que puede generar en pro de su propio crecimiento, determinar su alcance los beneficios que genera.
¿Qué se lo impide? ¿Por qué no lo usa constantemente en función de adentrarse en su potencialidad, en su magia?
La palabra silencio proviene del latín "silere", callar, estar callado. Lo que se calla es la intencionalidad, pero no para entrar en la escucha de un silencio que debe ser escrito con mayúsculas, como si se trata de un silencio ontológico, sino simplemente para oír.
Cuando empiezas a sentirte próximo a alguien, y surge la intimidad, cada palabra que pronuncias es importante. Entonces no puedes juzgar fácilmente con las palabras, porque todo tiene importancia. Por eso habrá momentos de silencio. Al principio te sientes incómodo porque no estás acostumbrado al silencio. Piensas que tienes que decir algo, porque sino ¿que va a pensar el otro?
Cuando te sientas próximo a una persona, cuando existe alguna clase de amor, llega el silencio y no hay nada que decir, nada. Con un desconocido hay mucho que decir; con los amigos nada. Y el silencio resulta agobiante porque no estás acostumbrado a él.
No se sabe en que consiste la música del silencio. Solo conoces una forma de comunicación: la verbal, mediante la mente. No sabes comunicarte, simplemente estando, con tu presencia. Estás creciendo y se te queda pequeño otras formas de comunicación. Tendrás que desarrollar nuevas formas, no verbales. Cuanto más se madura más comunicación verbal se necesita.
Cuando más reflexiones, más amarás y te relacionarás. Y finalmente llega el momento en el que solo ayuda el silencio. De modo que la próxima vez que estés con alguien sin comunicarte con palabras y te sientas incomodo, debes sentirte feliz. Guarda silencio y deja que comunique ese silencio. El silencio expresa. Casi es elocuente.
Disfruta de ese silencio: siéntelo y saboréalo. Pronto verás. Que tiene su propia comunicación, que es más grande. Más elevada y más profunda. Y que esa comunicación es sagrada, pura
El silencio, es el poder más grande que existe. Porque todo lo que existe son aspectos parciales del silencio. Todo lo que existe se genera en lo que no existe, en lo que no aparece. Todo lo que existe son aspectos parciales de algo que está más allá de lo que llamamos existencia manifiesta. Abrirse al silencio es abrirse al potencial total, incondicional.
Se señala los efectos del silencio que se resumen en:
** En primer lugar, nuestra mente se aclara, se armoniza y se ahonda. Nuestra vida es una permanente "centrifugación" hacia nuestro exterior de todas nuestras impresiones, ideas, datos, en una constante mezcla entre sí. En el silencio permitimos que todo esto se pose y se estructure por sí mismo. En el silencio conseguimos que nuestra consciencia capte lo que existe en profundidad detrás de las capas más aparentes de nuestra mente, de nuestra afectividad y de toda nuestra sensibilidad.
** En el silencio, por el hecho de ahondar el punto de la consciencia, aumenta la potencia de nuestra mente y de toda nuestra personalidad de un modo extraordinario. Gracias al silencio se desarrolla nuestra sensibilidad interna, es decir, que nos capacitamos para afinar nuestra percepción, percepción sutil. Esta percepción abarca, en las vías supraconcientes, todas las vías intuitivas. En las vías conscientes, el poder captar en profundidad el presente de la persona y sus situaciones. Y, a nivel subconsciente, nos vincula con toda la vida en cualquiera de sus formas y manifestaciones
** Percibimos, descubrimos, vivenciamos esta unidad profunda que hay detrás de toda la multiplicidad de formas y manifestaciones. Lo vivenciamos como experiencia y deja de ser una idea o creencia. Tanto las creencias (supuestos personales), como las experiencias son valiosas. Tanto para la persona, como para el observador.
** Gracias al silencio profundo viene la paz. La auténtica paz, la paz de la que surge luego toda actividad.
** Nos conduce a la realización de la identidad propia que hay en cada uno de nosotros. **Nos lleva a descubrir la persona que se encuentra detrás de todas las manifestaciones personales y a la persona que está detrás de todas la manifestaciones que atribuimos al exterior.
** Gracias al silencio podemos acumular fuerzas físicas, afectivas, mentales y espirituales para la acción posterior.
** Nos ponemos en sintonía con un poder de creatividad único, y éste se expresa entonces en nosotros y a través de nosotros. Descubrimos que nosotros somos expresión de algo que está más allá de nosotros y que esta consciencia de realidad de lo que está más allá es algo siempre nuevo, siempre diferente, y no obstante, siempre idéntico.
En en la práctica del silencio también es esencial que en todo momento mantengamos la autoconciencia y que tengamos la mayor lucidez.
Cuando la estructura del pensamiento pierde su objetivo, nosotros ya no estamos, antes éramos espectadores y observábamos todos sus movimientos. Ahora estamos en otra dimensión, la del silencio, no perturbadas por ningún movimiento. Estamos inmersos en el espacio interior de la vacuidad hemos andado de la energía condicionada, particularmente nuestra, a entrar en nuestro propio ser.
Tan solo existe la totalidad del ser, no un espacio, un tiempo o una individualidad. Sin presiones, ni tensiones del pensamiento, de la memoria, de la razón. Cuando cesa toda identificación se abre el horizonte del silencio. Todo el misterio y el significado de la vida aparecen en la inocente comunión con el silencio, cuando el ego no se afirma, ni se agarra a nada..
El silencio y la meditación.
La tradición ortodoxa del silencio es antigua. La raíz griega, mu, de la cual procede "místico", significa silencioso o mudo, y por esto impronunciable por derivación. Ya en la China antigua, se había dicho: "Usad las palabras para explicar pensamientos, pero el silencio cuando los pensamientos se hayan absorbido...los que están calificados para buscar la verdad se quedarán con el pez y dejarán la red."
La parsimonia de las frases de las personas más avanzadas que practican el Zen refleja un hecho neurofisiológico básico: el impulso de charlar simplemente desaparece. Cuando se experimenta, el mundo se convierte en el modo de operar, la experiencia sustituye el hablar de ello insustancialmente. El meditador aprende a evitar quedar atrapado por la charla opresora de los habladores compulsivos cuyas verbalizaciones pasan por ser formas de comunicación social en otros lugares. En ningún momento el silencio es más crucial que durante los retiros de meditación. Entonces, las distracciones se mantienen bajo mínimos para ayudar a que todos los miembros del grupo tengan un solo objetivo.
La importancia del gesto
Es en una soledad meditativa donde uno puede investigar muy profundamente en las capas del yo como parte de esa búsqueda reflexiva e introspectiva para comprender y disolver sus ficciones.
Para preservar los beneficios del silencio, los antiguos Maestros del Zen fomentaban el diálogo por el gesto. El gesto transmite ricos mensajes visuales. Estos permanecen mucho después de que los tediosos mensajes verbalizados hayan sido olvidados. El aparentemente simple acto de inclinarse es un gesto poderoso. Es una manera excelente de practicar el dominio de la soberbia del yo personal. Una vez un monje le preguntó al Maestro Rinzai "Cuál es la esencia del Budismo?" La respuesta de Rinzai fue un gran rugido. Ante eso, el monje se inclinó. Rinzai dijo "Ese es un hombre con el que se puede dialogar”.
Hay que diferencia entre el silencio para sí, del que se da en una interacción con el otro. En el campo personal es importante callar la “autocharla” (diálogos internos), para salir de lo automático y entrar en lo reflexivo. Mientras que en lo interpersonal el silencio da lugar para la reflexión de los dos interlocutores. Piénselo y aplíquelo.

Fernando Linares

Cuantos gerentes quisieran ser empáticos, cuántos a pesar de estar avalados de los conocimientos modernos que abarcan tópicos gerenciales, no alcanzan lo que se proponen por no ser empático. ¿A qué se debe ello? ¿Qué encierra la empatía? ¿Qué repercusiones, alcance, tiene? ¿Cómo ello genera un clima armónico en las relaciones humanas? ¿Por qué su importancia?
No hay que olvidar, que uno de los elementos clave que forma parte la inteligencia emocional, es la empatía, la cual pertenece al dominio interpersonal. La empatía es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas
El ser empático es el ser capaces de "leer" emocionalmente a las personas.
La empatía se enlaza con otras habilidades o capacidades de comportamiento importantes dentro de las cuales se incluye: calidad de interrelación, desarrollo moral, agresividad y altruismo.
También incluye una respuesta emocional orientada hacia otra persona de acuerdo con la percepción y valoración del bienestar de ésta y una gama de sentimientos empáticos como simpatía compasión y ternura.
Los estudiosos de la materia han establecido que puede existir una empatía que abarque respuestas con pautas afectivas y cognitivas. Trayendo esto como consecuencia dos distinciones: “empatía cognitiva”, constituye una comprensión del estado interno de otra persona, y “empatía emocional” (o afectiva), que involucra una reacción emocional por parte del individuo que observa las experiencias de otros y se coloca en el lugar del mismo.
A los efectos de una mejor comprensión del concepto dado anteriormente es necesario distinguir entre capacidad y tendencia empática.
Hay algunos que la definen como la habilidad cognitiva, que es inherente a un individuo, de tomar la perspectiva del otro o de entender algunas de sus estructuras de mundo, sin adoptar necesariamente esta misma perspectiva, es como colocarse en los zapatos del otro y aunque no pienses igual que ellos conocer o entender lo que ellos sienten a sabiendas de que cada individuo posee un guión propio.
Para otros, la empatía es empírica, ya que es como una experiencia adquirida a partir de las emociones de los demás a través de las perspectivas tomadas de éstos y de la simpatía, definida como un componente emocional de la empatía.
La empatía es la capacidad cognitiva-afectiva de sentir en un contexto común lo que un individuo interlocutor nuestro, puede percibir, pensar y sentir..
Describe la capacidad intelectiva de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona y de compartir sus sentimientos, lo cual puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Como tal es un sentimiento cuyo desarrollo requiere una cierta clase de inteligencia. Quienes padecen autismo, síndrome de Asperger o determinadas psicopatías ven muy mermada esta capacidad cognitiva. Por el contrario, quienes ejercen un liderazgo de carácter altruista suelen estar caracterizados por el amplio desarrollo de esta capacidad. Las personas empáticas son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones, que normalmente tienen mucha popularidad y reconocimiento social, que se anticipan a las necesidades de los demás y que aprovechan las oportunidades que les ofrecen otras personas. Algunos animales poseen también esta capacidad, como el delfín.
Nuevos estudios permiten suponer que existe una relación entre la imitación o simulación del comportamiento, por ejemplo el hecho de bostezar, y la capacidad a empatizar; incluso en el mundo animal se investiga la capacidad a empatizar como una ventaja de la evolución
Definitivamente la empatía es ponerse en el lugar del otro. Entender lo que siente y por qué lo siente el otro. Escuchar y responder a los sentimientos del otro. Es la capacidad de ver cada vez más aspectos positivos del otro, tener más aspectos en común. Es la capacidad de escuchar al otro, sin emitir juicios ni consejos, tal vez baste un abrazo, un apretón de manos, porque generalmente ese otro solo necesite en ese momento una oreja que comparta ese momento y lo apoye.
Cuando un gerente se ha identificado plenamente con lo que representa la empatía, tendrá un gran porcentaje de éxito en sus interrelaciones humanas, hará que los miembros de la empresa, los grupos de trabajo actúen cohesivamente dando paso a un clima organizacional que garantice un comportamiento organizacional productivo, armónico. Tendrá la habilidad para estar consciente de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás
Es una habilidad que, empleada con acierto, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre dos o más personas. Así como la autoconciencia emocional es un elemento importantísimo en la potenciación de las habilidades intrapersonales de la inteligencia emocional, la empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social, pues a través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad.
Tómese muy en cuenta que un individuo empático puede ser descrito como una persona habilidosa en leer las situaciones mientras tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran; al saber que una situación no es estática, sacan provecho de la retroalimentación, toda vez que saben que el ignorar las distintas señales que reciben puede ser perjudicial en su relación. Es también alguien que cuenta con una buena capacidad de escucha, diestra en leer "pistas" no verbales; sabe cuando hablar y cuando no, todo lo cual le facilita el camino para influenciar y regular de manera constructiva las emociones de los demás, beneficiando así sus relaciones interpersonales. Pueden ser buenos negociadores, orientados hacia un escenario donde todas las partes salgan ganando. La empatía es una forma de respetar y querer al otro. Piénselo.


Fernando Linares.

La vida privada es sinónimo de intimidad. La intimidad, es un bien que se tiene. Al respecto, el diccionario de la Real Academia define intimidad como “zona espiritual, íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia.” Esta zona reservada de la persona humana y de la familia la protege en forma clara el artículo citado al prescribir que “Todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar y a su buen nombre, y el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar”.
La capacidad para la verdadera intimidad, se basa por encima de todo, en la confianza en uno mismo y en el valor que cada cuál tiene como ser humano único.
Dice, que la única forma para desarrollarla consiste en ser absolutamente honrados con nosotros mismos, sobre quiénes somos, sin juicios de valor y sin el deseo de cambiarnos para encajar en los ideales de otras personas. Desafortunadamente, la mayoría de nosotros vivimos inmersos en la ilusión de que la fuente de la intimidad se encuentra en la relación con otro especial en nuestra vida, y si no hemos desarrollado la suficiente confianza en nosotros mismos, vamos en busca de ese otro especial en el que depositamos la esperanza de recibirla.
Se indica además, que la intimidad no es algo que podamos encontrar fuera de nosotros mismos.
El hombre intuye que merece un respeto especial, distinto del respeto que merecen todos los demás animales que habitan la Tierra. Cuando un hombre está a solas consigo, cuando consigue callar al mundo, descubre que en el fondo de sí mismo, en lo más íntimo se encuentra la imagen de Dios, porque lo creó a su imagen y semejanza.
El hombre es, en primer lugar, persona. El hombre es digno antes que útil o productivo, o rentable o bello o apetecible. El hombre es respetable por sí mismo, por el sólo hecho de ser persona. Este sí mismo de cada persona es lo que significa su intimidad personal, su propia existencia. Cuanta más rica es la personalidad más amplia y profunda es la intimidad de una persona y, por tanto, más profunda y más fuerte es la conciencia de su propio valor y la necesidad de su protección.
La intimidad o privacidad no posee fronteras definidas y posee diferentes significados para distintas personas. Es la habilidad de un individuo o grupo de mantener sus vidas y actos personales fuera de la vista del público, o de controlar el flujo de información sobre si mismos. Capacidad que no todo el mundo tiene, o es torpemente violada para caer en el exhibicionismo. Basta las declaraciones de gente de la farándula, par comprobar lo referido.
La intimidad a veces se relaciona con anonimato a pesar de que por lo general es más preciada por las personas que son más conocidas por el público. La intimidad puede ser entendida como un aspecto de la seguridad, en el cual el balance entre los intereses de dos grupos puede ponerse en evidencia.
El derecho contra la invasión a la intimidad por el gobierno, corporaciones o individuos está garantizado en muchos países mediante leyes, y en algunos casos, la constitución o leyes de privacidad. Casi todos los países poseen leyes que en alguna medida limitan la privacidad, por ejemplo las obligaciones impositivas normalmente requieren informar sobre ingresos monetarios. En algunos países la privacidad individual puede entrar en conflicto con las leyes que regulan la libertad de palabra, y algunas leyes requieren el hacer pública información que podría ser considerada privada en otros países o culturas.
La intimidad significa quedarse al descubierto ante un desconocido, y todos somos desconocidos: nadie conoce a nadie. Somos desconocidos inclusos para nosotros mismos, porque no sabemos quienes somos.
La intimidad te aproxima a un desconocido. Tienes que quitarte todas las defensas, porque solo así es posible la intimidad. Pero de eso tienes miedo: si te quitas todas las defensas, todas las máscaras ¿quién sabe que hará contigo el desconocido? Todos escondemos muchas cosas, no solo de los demás sino de nosotros mismos. Porque nos han educado con falencias. Con toda clase de represiones, inhibiciones y tabúes, Y el temor consiste en que con un desconocido- no importa haber convivido con esa persona treinta o cuarenta años: nunca deja de ser un desconocido- resulta más seguro mantener ciertas distancias, ciertas defensas, para que no se aprovechen de tu debilidad, de tu vulnerabilidad. A todo mundo le da miedo la intimidad.
Pero le da un “toque” muy especial a nuestra vida. Debemos defenderla. Pero aún así saber que somos (y debemos ser siempre), responsables de nuestros actos. Aún los efectuados en la intimidad.

Fernando Linares

Debemos estar atento en el análisis de cómo alcanzamos nuestros resultados, de qué manera sabemos sacarle provecho al esfuerzo que realizamos en pro de aquello que nos proponemos alcanzar.
Para mejorar en muchos aspectos decisivos, es necesario tener bien claro cómo consideramos ciertas cosas en la actualidad. Una perspectiva acerca de nuestra propia actitud actual es completamente relevante, cuando nos proponemos alcanzar una mejoría o aumento del rendimiento.
Vale decir, que estamos plenamente identificados con la importancia de evaluar cómo estamos manejando nuestro esfuerzo, revisar de qué manera estamos logrando nuestros resultados.
Se nos agrega, que es necesario definitivamente en pro de optimizar el esfuerzo adecuado a fin de que genere resultados positivos, el que definamos bien nuestras metas. Al respecto se nos indica, que una forma de aumentar el rendimiento, es establecer metas inteligentemente. Una meta inteligente nos permite visualizar obstáculos y oportunidades de tal manera que sepamos sortear unos y aprovechar las otras.
Las metas no deben fijarse tan altas, en donde se sospeche que no la podemos alcanzar, ni tan por debajo de nuestras posibilidades, hay que estar 100 % seguro de que la lograremos. Por ello en otras notas de CIUDADANO, he recomendado la planificación y la ideación de metas realistas.
Las metas deben fijarse de manera que sepamos que es posible alcanzarlas y deben ser tal forma que siempre estén por encima de nuestro rendimiento habitual. Esto plantea un único problema, que es el de definir bien el punto que es posible alcanzar aunque permanezca por encima de nuestro rendimiento habitual. Ese es el primer problema para nuestra inteligencia en relación a las metas.
El otro problema, se nos indica, es la elección de los desafíos que valen la pena aceptar. Un desafío como el que decimos deberá ser algo que nos motorice hacia el aumento del rendimiento. Téngase presente, que tiene que existir siempre un incentivo para aceptar desafíos. El desafío debiera buscarse siempre, el placer estará en perseguirlo, sabiendo que nos lleva a un aumento del potencial en nuestras habilidades naturales.
Se nos sugiere llevar acabo autoevaluaciones que nos proporcionen información que hagan mejorar nuestro rendimiento. Al respecto se señala, que eventualmente necesitamos recuperar autoconfianza, ya que nos vemos superados por las condiciones o circunstancias en las que nos hallamos. Esto no significa, que por el mero hecho de reconocer la necesidad, tengamos resuelto el punto. Debemos hacer algo más sustancial para volver a pararnos ante los desafíos que encararemos de manera realista y confiando plenamente en nosotros mismos.
Hay una serie de recomendaciones que sintetizan los principios clave para optimizar nuestro rendimiento en cualquier área en que nos desempeñemos.
** Evitar negar la realidad: Podemos caer en la tendencia a negar la realidad con más facilidad que en la de percibirla tal cual es. Negar es desinformarnos. Menos información es menos oportunidades.
** No planificar sin entrar en acción: Demasiado análisis produce parálisis y demasiada planificación es peor aún que la acción sin planificación.
** Evitar actuar por motivaciones confusas: Las motivaciones son más importantes que los logros. Esclarece todo propósito que te impulsa.
** No hacer esfuerzos sin planificar: Piensa en el objetivo, los medios y la estrategia. La impulsividad origina derroches y pérdidas.
** Procurar adoptar valores propios: Si no hemos clarificado bien nuestros motivos ni lo que el logro del objetivo significa para nosotros, funcionamos sin dirección propia y podemos llegar a boicotearnos con las contradicciones eventuales. Así ponemos en riesgo nuestro progreso o evolución.
** Evitar tener estimaciones de tiempo y expectativas poco realistas: Toma perspectiva y observa a las cosas como parte de un proceso y no como acontecimientos aislados. ** ** Toma tiempo obtener el mejor resultado.
** Evitar el desperdicio de energías: Quien mucho pretende abarcar, poco puede controlar. Procura hacer un trabajo excelente en objetivos elegidos sin derrochar energías en demasiados frentes.
** Evitar intentar siempre hacer todo solo: Innumerables veces necesitamos la cooperación y la ayuda de otros. Aprende a pedir ayuda o colaboración cuando lo necesites.
** No tener miedo al fracaso: El miedo al fracaso es el verdadero origen del mismo. Y el miedo sólo se mantiene firme, sólo cuando el conocimiento está ausente; el temor retrocede ante el conocimiento. Para cambiar de ánimo, procura aumentar el conocimiento sobre la situación o el ítem.
** Siempre intentar enfocar la atención: Los logros requieren concentración. Mejora tu capacidad de ponerte en acción y permanecer enfocado cada vez por más tiempo.
Por otra parte la Psicobiología nos insiste en dormir bien, reducir el estrés y aportar a la dieta los suplementos vitamínicos necesarios para afrontar biológicamente el esfuerzo.

Fernando Linares.

Las personas que llegan a obtener sus logros, piensan en función de Idea, Concepto o Legado.
Si piensa en función de dinero o cosas materiales, comete un error muy frecuente, al querer tener éxito.
Esta perspectiva contempla sólo 5 conceptos para que logre cualquier cosa que desee por grande y difícil que parezca, los puntos que desarrollaremos son; Enfoque, Metas. Trabajo, Tiempo y Perseverancia.
**Enfoque: Defina su enfoque sintonizándolo con su “vocación”, con las cosa que a usted le gustan, no hay peor castigo que trabajar en algo que no nos guste hacer, por ello es importante descubrir cuáles son sus preferencias, habilidades y gustos, en ello está su vocación.
El enfoque es la actividad que le produce mayores resultados, es la antesala de sus metas, defina su enfoque con una frase corta de 3 a 8 palabras, será como su eslogan personal, es una frase que le ayudada a corregir el rumbo cuando se desenfoque.
Cuando tenga claro cuál es su enfoque, desarrolle su visión y misión.
La visión: es lo que usted desea, en lo que se quiere convertir o lo que desea lograr, pregúntese como le gustaría estar en uno, cinco o diez años.
La misión: son las cosas que usted está dispuesta hacer, sus conocimientos laborales, es su trabajo diario para lograr sus metas.
**Metas: Defina claramente las metas que lo llevarán a cumplir su enfoque, incluya en sus metas tres aspectos importantes para tener éxito:
1.- Metas económicas, son las cosas materiales que deseamos lograr.
2.- Metas físicas: tener un cuerpo sano y fuerte, es indispensable para disfrutar el éxito.
3.- Metas sociales, contribuya y participe en actividades que beneficien a la sociedad donde usted se desarrolla.
**Trabajo: El único camino para lograr lo que se proponga está en el trabajo. Pero el trabajo entusiasta, hecho con alegría y ganas.
Enamórese de lo que hace, convierta su trabajo en un juego en serio, con una actitud positiva, esté presente en cuerpo y alma en su trabajo, procure enfocar todo su esfuerzo en hacer el 20% de cosas importantes que producen el 80% de resultados.
**Tiempo: El tiempo jamás se recupera, una de las técnicas más productivas para aprovechar el tiempo, es hacer las cosas bien desde la primera vez, no importa que tarde mas, siempre será mejor, que empezar de nuevo.
Cuando su trabajo lo haga en menos tiempo y con la misma calidad estará elevando su productividad al 100%.
**Perseverancia: Es el elemento clave para tener éxito. Tema ya tocado recientemente, para CIUDADANO, en una reciente nota sobre la autodisciplina.
Al hacer las cosas con disciplina y constancia se convierten en un sistema de mejora continua.
Hay que seguir las reglas del trabajo, cumpliendo las normas diariamente hasta convertirlas en hábitos productivos.
Al seguir estos cinco aspectos, podrá obtener riquezas materiales, sin embargo esto es sólo la mitad del éxito.
De nada sirve la riqueza material si no la pude disfrutar integralmente.
La importancia del equilibrio.
El equilibrio que tenga entre lo físico, mental, y espiritual, serán las bases para disfrutar de sus logros materiales.
**Físico: Cultive un cuerpo sano y fuerte con la alimentación, ejercicio suficiente para mantener el cuerpo en forma.
**Mental: Alimente su cerebro con información fresca y sintonizada con sus preferencias, producirá los conocimientos suficientes para lograr sus propósitos.
**Espiritual: descubra, sus sentimientos y valores, son la clave de su paz espiritual y calidad humana.
Cuando logra sintonizar sus bienes materiales con su calidad humana, obtendrá el verdadero éxito, que producen: salud, riquezas, liderazgo, legado, etc.
Solo así podrá disfrutar integralmente su éxito. Piénselo y aplíquelo, con orden y sistematización en su vida cotidiana.

Fernando Linares.

Pero si se piensa bien siempre habrá una meta superior a la que aspirar, por lo que se alcance el nivel que se alcance, la sensación de insatisfacción siempre estará ahí, ya que aspiraremos a un nivel superior.
Por lo tanto si se equipara la felicidad con el éxito, nunca alcanzaremos ese nivel deseado para ser feliz. Con esto no quiero decir que el éxito sea malo, sino que no debe ser la única y más importante condición para alcanzar la felicidad.
Así, una forma de reforzar esta idea es que después de haber hablado con varias personas que han obtenido el éxito, resulta que los que se declaran felices ya lo eran antes de obtener el éxito, y los que se definen como desdichados lo eran también antes de alcanzarlo.
Lo cierto es que hay muy buenas razones para desear el éxito. Es sano desear que valoren el trabajo que hemos realizado o tener una buena estabilidad económica que nos permita vivir tranquilamente con nuestra familia. Pero lo que no es sano es identificar la felicidad solamente con eso. El éxito es el éxito y le felicidad es la felicidad.
No debemos identificar el éxito solamente con valores materiales o profesionales, ya que esto si que no es equiparable a la felicidad.
También existe otro tipo de éxito que es más cercano y equiparable a la felicidad. Es el éxito que está relacionado con las relaciones personales satisfactorias, adecuada educación de nuestros hijos, ganar en sabiduría día a día, éxito en todas y cada una de las vertientes del amor, etc. Este tipo de éxito suele ser menos mencionado, aunque resulta ser incluso más importante que el anterior.
Quizá el primer tipo de éxito es más llamativo a primera vista, aunque lo ideal sería encontrar un equilibrio entre ambos, sabiendo diferenciar qué es el éxito, y qué es la felicidad.
En cuanto a la diversión, si miramos el mundo desde el prisma de un niño, efectivamente relacionaremos la felicidad con la diversión. Y para muchos adultos esto también es así.
Sí que es cierto que los entretenimientos como ir al cine, asistir a un partido de fútbol o ver la televisión, desempeñan un papel importante y constructivo en la vida, ya que pueden ayudarnos a mantener la felicidad, nos hacen reír y nos ayuda a relajarnos. Aunque el acto en si mismo no crea felicidad, sí que nos ayuda a mantenerla.
Lo que sí es cierto es que la vida está llena de tensión, rutina, cansancio…Es por eso que el papel de la diversión debe ser tomado en cuenta, puesto que nos sirve como una forma de liberación.
Así que tenemos que tratar de introducir la diversión en más actividades diarias, para poder divertirnos y disfrutar mientras hacemos cosas realmente significativas. Como podría ser trabajar en nuestra profesión, sacar a delante nuestra familia, etc.
Como conclusión diría que hay que buscar un buen equilibrio que nos permita tener una vida lo más plena posible en todos los aspectos. Sin descuidar ningún frente vital. Pero si se piensa bien, siempre habrá una meta superior a la que aspirar. Por lo que se alcance el nivel que se alcance, la sensación de insatisfacción siempre estará ahí, ya que aspiraremos a un nivel superior.
Es éxito sinónimo de felicidad?
Por lo tanto si se equipara la felicidad con el éxito, nunca alcanzaremos ese nivel deseado para ser feliz. Con esto no quiero decir que el éxito sea malo, sino que no debe ser la única y más importante condición para alcanzar la felicidad.

Así, una forma de reforzar esta idea es que después de haber hablado con varias personas que han obtenido el éxito, resulta que los que se declaran felices ya lo eran antes de obtener el éxito. Los que se definen como desdichados lo eran también antes de alcanzarlo.
Lo cierto es que hay muy buenas razones para desear el éxito. Es sano desear que valoren el trabajo que hemos realizado o tener una buena estabilidad económica que nos permita vivir tranquilamente con nuestra familia, pero lo que no es sano es identificar la felicidad solamente con eso. El éxito es el éxito y le felicidad es la felicidad. Hay que saber distinguir las cosas, manteniendo una correcta discriminación sobre los términos.
No debemos identificar el éxito solamente, con valores materiales o profesionales, ya que esto si que no es equiparable a la felicidad.
Hay otro éxito que existe y sí es real. No es como el referido, una cuasi-ficción. Es el más cercano y equiparable a la felicidad. Es el éxito que está relacionado con las relaciones personales satisfactorias, adecuada educación de nuestros hijos, ganar en sabiduría día a día, éxito en todas y cada una de las vertientes del amor, etc. Este tipo de éxito suele ser menos “popular” o citado, aunque resulta ser incluso más importante que cualquier otro que al lector se le pudiese ocurrir.
Quizá el primer tipo de “éxito” es más llamativo a primera vista, aunque lo ideal sería encontrar un equilibrio entre ambos, sabiendo diferenciar qué es el éxito, y qué es la felicidad. Pero hay que aclarar que tal equilibrio interno, es muy difícil. Pues son dos frentes complementarios con prioridad del que hemos mencionado, pero sin ser el otro excluyente. Diríamos que es secundario. Y que hay que desarrollar la capacidad para obtenerlo. Lo cual no es poco.
El entretenimiento es importante
En cuanto a la diversión, si miramos el mundo desde el prisma de un niño, efectivamente relacionaremos la felicidad con la diversión. Y para muchos adultos esto también es así.
Sí que es cierto que los entretenimientos como ir al cine, asistir a un partido de fútbol o ver la televisión, desempeñan un papel importante y constructivo en la vida, ya que pueden ayudarnos a mantener la felicidad, nos hacen reír y nos ayuda a relajarnos. Aunque el acto en si mismo no sea significativo, colabora a distraerse y abandonar aquellas cosas que nos preocupan en demasía.
Lo que sí es cierto es que la vida está llena de tensión, rutina, cansancio…Es por eso que el papel de la diversión (o del entretenimiento), debe ser tomado en cuenta, puesto que nos sirve como una forma de mitigar nuestras tensiones acumulativas.
Así que tenemos que tratar de introducir el entretenimiento, en más actividades diarias, para poder divertirnos y disfrutar mientras hacemos cosas realmente significativas. Como podría ser trabajar en nuestra profesión, sacar a delante nuestra familia, etc.
Como conclusión diría que hay que buscar un buen equilibrio que nos permita tener una vida lo más plena posible en todos los aspectos. Sin descuidar ninguno de los aspectos. Sin descuidar ninguno de sus frentes. Sin abandonar nuestros compromisos. Solamente hacer estas pequeñas pausas, para estar en mejores condiciones psíquicas y físicas para afrontarlos con todas nuestras energías.

Cuando no tomas las decisiones desde ti mismo, anclado en tu propio yo, nunca asumes la responsabilidad de las consecuencias, con lo que siempre buscaras un culpable en el que cargar el fracaso de tu deseo.
La ecuación es simple: yo soy responsable de mí mismo y de mis decisiones, con lo que asumo las consecuencias de estas. Cuando haces esto, te sientes poderoso y tu nivel emocional aumenta un paso, con lo que tienes ascendencia moral sobre cualquiera y no aceptas sugerencias ajenas que no aporten algo positivo a tu proyecto. Cuando no lo haces así, es cuando te abres a sugerencias externas que te van desviando de tu deseo original hasta que acabas totalmente perdido sin saber donde te encuentras ni quien eres, culpando a todos los que “te desviaron” con sus “ayudas”...
Así nos pasamos la vida anclando nuestro “poder” en los demás, en otros a los que les otorgamos mas ascendencia, autoridad, sabiduría, poder, claridad o potestad que nosotros, desgajando nuestra alma y haciendo agujeros en nuestra autoestima, con lo que ya no somos dueños de nuestras vidas por haberla regalado a quienes no pueden ni deben tenerla. Tú eres dueño de tu destino y esta es tu obra: crearte a ti mismo y a tus circunstancias según el impulso interno que te anima e inspira en cada momento. Los retos que vienen de fuera tienen el objetivo de hacerte mas fuerte, más sabio y más sensible, más creativo y más firme, con lo que no puedes ni debes poner nunca tu capacidad de decisión y de discernir en nada ni en nadie, ya que cada reto es exclusivo para que tu la resuelvas, ya que nadie tiene una forma de sentir y ser como la que tu tienes, así que nadie puede decirte que es lo que “debes” hacer en las diferentes situaciones que se te presentan. En la ecuación de tu vida, el parámetro que tu representas es lo que la hace diferente del resto de los humanos, aunque el resto de los parámetros sean similares...así que ¿quién puede decirte “qué debes” hacer?
En la ecuación de la vida siempre se repiten ciertos parámetros o pautas detrás de cada reto:

*Estás tú con tu estado de conciencia actual, YO MISMO.
*Siempre está el hecho o situación insalvable. EL RETO.

Luego se encuentran los otros o personajes en contra, los malos, los que representan al “diablo”, sin escrúpulos, egoístas y que van a lo suyo, y que en este caso puede ser lo tuyo...este es el elemento dominante o dominación, que puede ser un padre, una madre, un jefe, un compañero...este elemento siempre existe en toda ecuación: el que domina o esclaviza tu voluntad. Por otro lado suele estar el bueno, el guía o consejero, el elemento amable que te inspira hacia el bien, hacia la luz, la empatía, el sacrificio personal en aras de un bien común, el ejemplo positivo opuesto al anterior. Por ultimo siempre existe el que tiene la solución, el modelo de conducta, el que ha superado esa situación y no supone una barrera para él. Le llamaremos EL MODELO. Detrás de cada situación o ecuación vital, de momento nos sentimos VICTIMAS de ella por no tener el nivel emocional, físico, económico ni mental para superarla o eso es lo que creemos.
Esto nos pone en marcha y nos OBLIGA a explorar NUEVOS RECURSOS aun sin utilizar. Empezamos a investigar “comiéndonos el coco” dándole vueltas a la situación. Comenzamos con la lamentación constante, la queja, la rabieta, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?, etc. Como el muro sigue delante de nosotros, vamos haciendo pruebas y a través del juego prueba-error vamos sacando conclusiones y vamos poco a poco atisbando una posibilidad de salida. A través de esta situación comenzamos a forjar nuevas creencias y sobre todo nuevas prioridades, ya que la situación en si misma nos obliga a revalorizar nuestras vidas y el problema adquiere importancia capital, por encima de cualquier otra cosa. Luego pasamos por la fase de pedir ayuda y ver como reaccionan los demás con lo que se produce un filtrado de nuestras relaciones y también se produce un escalamiento de “quien es verdaderamente mi amigo, quien me ama de verdad y quien no esta conmigo mas que por intereses” cosa que antes no te planteabas y aceptabas, con lo que “algo de interés también tendrías tu en esas relaciones”.

*La situación muchas veces te obliga a CONOCERTE MEJOR, a través de un proceso.

La ansiedad nos indica que se debe estar vigilante frente a posibles amenazas, y de esta manera asumir mecanismos de prevención. El miedo o el temor tienen un mecanismo parecido, frente a una situación entendida y conocida; generalmente es de origen externo y de alguna forma se puede neutralizar con acciones específicas sin generar mayores conflictos. En la ansiedad la amenaza no es conocida, el origen es interno, impreciso y derivado de conflictos, quizás de larga data.
El miedo y la ansiedad provocan reacciones emocionales que medidas en el tiempo las consideramos de tipo agudo, como hay –también- una ansiedad crónica. De todas maneras podríamos pensar que ambas situaciones reproducirían fenómenos de tipo adaptativo funcional que conducirían a maniobras protectoras para la integridad vital. Estas maniobras serían las medidas que se toman para evitar, prevenir o reducir las secuelas, efectos o resultados de algún “peligro” ya sea en el momento o en el futuro. Este “peligro” lo he designado así por su apariencia de real o de fantasiosa. De alguna manera hacen ejecutar acciones para alejarnos o fortalecernos ante lo que consideremos peligroso. El temor que surge hacia una enfermedad nos hace tomar las consideraciones y precauciones adecuadas como así mismo el estar cara a cara a la posibilidad de un daño corporal o a la advertencia de situaciones de inseguridad social o de cualquier otra índole que nos permite alertarnos y prevenirnos. Son como seguros de vida.
En esta nota quisiera mencionar los aspectos positivos que ejercen la ansiedad y el miedo. No siempre los vamos a observar como negativos. Únicamente cuando cumplen funciones desadaptativas (temores excesivos y persistentes) serían patológicas y merecerían ser objeto un tratamiento específico.
De esta manera logramos prevenirnos y prepararnos ante situaciones futuras cuando el miedo y la angustia ejercen papeles de alerta. Estudiar para presentar un buen examen; medir el tiempo preciso para ordenar el equipaje y no extraviar el boleto de viaje obteniendo la tranquilidad de una confortable excursión; evitar el recorrido por lugares donde no existan condiciones de seguridad, son algunos de los innumerables ejemplos que tenemos para mencionar los artilugios “sanos” de la ansiedad y el miedo.
Muchas de las emociones humanas como las mencionadas, son importantes para el equilibrio intrapsíquico o intrapersonal (originados internamente) e interpersonal (originados externamente) permitiendo un mejor desarrollo en el desenvolvimiento individual. Vistas de esta forma, es interesante destacar como el miedo y la ansiedad primariamente son molestos, pero secundariamente proponen apacibilidad o aplacamiento.
La enfermedad ocasionada por estos trastornos está conducida por la potencia y duración tanto subjetiva como objetiva, desequilibrada de la ansiedad y el miedo, que se convertirían en los enemigos “internos” y que particularmente los tenemos como temas no valorados en su complejidad. Es por esto que algunas veces los podamos aceptar y reconocer sus justas intenciones. No todo es malo, se trata de ponderar las características, ante que aparecen y la duración de la ansiedad o del miedo..


Fernando Linares.

El ser humano ha entrado en un ritmo de actividades que muchas veces lo supera. Este factor se ha incrementado desde el siglo XX y sigue creciendo cada vez más rápido. Muchas veces olvidamos quienes somos y tomamos el rol de máquinas en continuo movimiento. Otras simplemente actuamos de manera automática sin darnos cuenta y hacemos solamente a lo que se espera que hagamos. Por eso es frecuente escuchar en pláticas una competencia a ver quién se estresa más.

Se llama estrés a un estado de alteración nerviosa que surge de la impaciencia, angustia o incluso de la impotencia por cumplir o no cumplir con lo que consideramos necesario o urgente en nuestra vida cotidiana o en eventos extraordinarios.
Nos estresamos cuando hay que llegar a tiempo al trabajo, tener la comida lista a cierta hora, recoger a los niños de la escuela después de ir al mercado, llegar a tiempo a la cita del dentista, cuando hay mucho tráfico, cuando el jefe nos exige demasiado, etc. El estrés es estar en competencia con el reloj y el mundo exterior que nos impiden lograr nuestras metas a tiempo.
La influencia negativa de la prisa.

Yo sé que tengo que levantarme temprano, desayunar en 10 minutos, salir a tomar un autobús, entrar al tráfico esperando no llegar tarde a verificar la tarjeta de entrada para que no me llame la atención el jefe de personal, trabajar toda la mañana, comer en una hora y regresar a tiempo al trabajo hasta la hora de salida. Apurarme para llegar a tiempo al dentista y haciendo milagros, llegar a casa antes de que se duerman los niños para decirles que tienen un papá que existe y que los quiere mucho y eso sí, con ganas solamente de acostarme a dormir y que nadie me moleste. Y al día siguiente es lo mismo y así pueden pasar los años. Esto es más o menos la vida cotidiana de muchas personas. La pregunta sería ¿cuál es la razón por la que se hace todo esto? ¿Hay alguna razón válida y que sea buena para él y para su entorno? La utilidad para el entorno es lo que se llama validez ecológica.

Los grados de estrés.

El grado de estrés que esta persona esté sufriendo depende de su respuesta. Su respuesta podría ser: “No sé hacer nada mejor. No tengo opción. Tengo que comer y dar de comer a mi familia”. Estas respuestas permiten que la persona continúe estresándose ya que no tiene un sentido válido que la aliente a seguir adelante. Se ha convertido en una máquina. Si por el contrario la respuesta es: “tengo ganas de salir adelante para dar a mi familia lo mejor y que mis hijos puedan tener una educación superior a la mía. Este trabajo es pasajero ya que estoy buscando uno que me dé mejor calidad de vida”. Esta persona va a sufrir de menos estrés ya que cuenta con un objetivo que es bueno y válido para ella.
Todos sufrimos un grado de estrés y eso es ineludible y hay que recordar que nuestra salud depende del grado de estrés que suframos cotidianamente. Por una parte hay estrés que está bajo control, es decir, que tenemos recursos para poder manejarlo. Con recursos me refiero a la paciencia, la flexibilidad, la decisión, la seguridad o algún otro. Por otra parte, hay estrés que está fuera de nuestro control y por lo tanto no contamos con recursos adecuados para el adecuado manejo. Aquí es donde entra la Terapia cognitivo-conductual, para aprender a salir de esta clase de estrés. Dado que este modelo de terapia cuenta con herramientas que pueden ayudar a controlarlo y reducirlo ya que de lo contrario el estrés puede quebrar nuestra salud. Sea en las formas de estrés agudo y crónico.

El estrés provoca reacciones neuroquímicas y musculares. Entre ellas merece destacarse un desgaste extra de energía y por lo tanto el sistema inmunológico baja sus defensas. Lo cual puede generar un conjunto de enfermedades, desde la cefalea hasta la hipertensión. Por mencionar solamente dos de las más frecuentes. Sin embargo debemos saber que la respuesta al estrés se encuentra en nuestros pensamientos y emociones. ¿Qué te dices al levantarte todas las mañanas? ¿Cuáles son tus pensamientos durante el día y ante lo que tienes que hacer?
Mente y estrés.

El proceso mental hacia el estrés es causado por las siguientes razones:
**Perder de vista el objetivo ecológico (bueno para mí y para los demás) de lo que hago.
**La obligación en vez del placer. Ignorar la parte buena que siempre existe
** “dicción” a la adrenalina
**Olvido de la vida interior y de la vida espiritual.
**Ser un esclavo del mundo exterior (material)
**Caer en la actividad automática. No escuchar al cuerpo. Incapacidad de relajarse
**El ser negativo: siempre hay un “pero”.
**Sufrir la vida en lugar de vivirla.

Práctica para el manejo del estrés.

Puede ser útil el siguiente ejercicio:
*Piensa en la situación que te provoca estrés y obsérvala como si fuera una película, mírate a ti mismo en ella, escucha lo que te dices o lo que oyes, respira y siente en tu cuerpo lo que esta situación te provoca.
*Viéndote en esta película, ¿cómo te gustaría desenvolverte en esta situación que te estresa?
*¿Qué harías diferente?
*¿Qué recurso (paciencia, disciplina, decisión, seguridad, tolerancia, flexibilidad o algún otro) necesitas para esto?
*¿Qué opciones tendrías con este recurso en ti?
*Cierra tus ojos, respira profundamente y siente lo que es tener este recurso en ti.
*¿En qué parte de tu cuerpo lo sientes principalmente? Toca esta parte de tu cuerpo
*Simboliza este sentimiento pensando, este sentimiento es como…
**Ahora manteniendo tu mano en esta parte de tu cuerpo y respirando profundamente, vuelve a pasar la película de tu situación estresante pero con la diferencia de que ahora tú tienes en ti tu recurso simbolizado. Vuelve a respirar profundamente y observa qué pasa, cómo se modifica la escena y cuáles son tus sensaciones.

Elabora una frase en positivo, tiempo presente simple y afirmativo para ilustrar tu objetivo y poder manejar esta situación proactivamente (recomendamos leer las notas publicadas en “CIUDADANO”, a este respecto). Por ejemplo: “yo soy paciente cada vez que…”
Este ejercicio tendrás que repetirlo en varias ocasiones hasta que tu mente aprenda que hay otra manera de responder en esta clase de situaciones.
Recuerda que siempre que estés dispuesto, un cambio de actitud ayudará a lograr manejar situaciones que estresantes. También, siempre tener en cuenta, que hay que modificar las pautas inflexibles, repetitivas y negativas del estilo de vida.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno” dice un refrán popular, tratando de graficar el hecho de que a veces hacemos daño a los demás, o nos lo hacemos a nosotros, tratando de hacer un bien o de ayudar. Las relaciones familiares disfuncionales y conflictivas son un caldo de cultivo propicio para que este fenómeno se de en abundancia. Ello se debe a que muchas veces queremos servir a nuestros seres queridos y terminamos complicando su situación, generalmente porque no actuamos con suficiente conocimiento de lo que pasa y nos guiamos más bien por señales ambiguas y poco claras. Como no conversamos y no nos comunicamos lo suficiente, tomamos decisiones de cómo y cuándo intervenir para “arreglar” algo basándonos en nuestro corazón y sin preguntar si realmente necesitan de nuestra ayuda. Y lo que es peor, sin meditar con claridad si no nos estamos metiendo en “camisa de once varas” y podemos ser nosotros los que salgamos mal parados.

Hace un par de décadas el equipo de terapeutas familiares italianos agrupados en torno a la llamada “Escuela de Milán” reflexionó sobre este fenómeno de entrometerse y querer ayudar; lo sistematizó y lo identificó como una de las principales causas familiares para el surgimiento de patologías severas (psicosis, trastornos de la alimentación, depresión, etc.). Lo bautizó como el “embrollo familiar” y lo catalogó como uno de los “juegos psicóticos de la familia” .En la práctica profesional se ha podido comprobar que el “embrollo” es un patrón de funcionamiento familiar disfuncional que se repite en casi todos los problemas de salud mental que involucran a niños, púberes, adolescentes y jóvenes no emancipado. De allí que nos parece conveniente “develar el juego”, es decir, explicarlo, a ver si algunos de los lectores que lo juegan en casa se identifican con lo dicho y lo sustituyen por otro juego más productivo y sano.
Se le llama “juego” al embrollo familiar no porque sea divertido o sirva de entretenimiento, sino porque es un proceso en el que intervienen varios participantes (jugadores) que compiten entre sí; se siguen reglas (ocultas y negadas), siendo la principal que el juego continúe a cómo de lugar. Se establecen equipos (alianzas) y se busca no perder a toda costa. En este plan todo es válido, incluso el desarrollar alguna enfermedad mental con tal de ganar u obtener ventajas sobre el contrincante.

Selvini considera que el embrollo comienza en la familia con el surgimiento de un impasse conyugal. Esta es una situación que desune a la pareja de esposos y que no se asume ni se trata abiertamente. El impasse, por su carácter significativo aunque sobredimensionado, atemoriza a la pareja y, por lo mismo, no se toca y se hace como si no existiera. Los jugadores parecen destinados a vivir una situación sin salida (de allí que se le llame impasse: ni para adelante ni para atrás) y no se permiten tener ni crisis, ni escenas catárticas ni separaciones liberadoras, canalizadas a través del impasse. Este sólo conoce el silencio y la negación. Sin embargo, la tensión que este problema genera se va acumulando y tarde o temprano busca una válvula de escape a través de conflictos de segundo orden, que no resuelven para nada el impasse en sí. Si el impasse fue originado por una infidelidad cuyas heridas no han cicatrizado o por una indefinición de la autoridad al interior de la pareja, la tensión puede derivar hacia discusiones sobre la economía familiar, el incumplimiento de roles, el desorden de la mujer o la falta de afecto del esposo hacia sus hijos. Esto permite tener, peleas de impacto limitado que no amenacen abiertamente la subsistencia de la pareja y de la familia en sí, como sí lo haría el abordaje abierto y descarnado del gran problema o impasse. No obstante, se produce un desgaste en los miembros de la familia y una inclinación de la partida a favor de uno de ellos en contra del otro.
El segundo paso de este juego consiste en que los hijos (o al menos uno de ellos, el más cercano y sensible) se percatan de este desbalance. Por su posición de aglutinamiento con el padre supuestamente perdedor, el hijo recibe las señales que provienen de éste y decide ingresar en el juego tomando partido por el progenitor “débil” contra el progenitor “fuerte” o aparentemente ganador. Escucha, por ejemplo, a la madre llorar, quejarse, se convierte en su confidente, ve las “injusticias“de las que es objeto y decide equilibrar la balanza de la pugna parental. Este hijo (futuro paciente identificado) no puede intuir en lo que se está metiendo, y lleno de amor e indignación comienza a embrollarse y a complicarse la vida. Por ahora, se contenta con ser el aliado y paño de lágrimas del padre “débil”. Lo “mejor” vendrá después.
En la tercera fase, surge una conducta inusitada o desusual en el hijo involucrado. Esta conducta, de sesgo negativo, busca provocar al supuesto ganador o “fuerte”, retar su autoridad, demostrar que no es tan fuerte ni tan pintado y “enseñar” al padre perdedor a defenderse. Es como que el hijo triangulado le dijese entre líneas al padre ganador “métete con alguien de tu tamaño” y al padre perdedor, guiñándole un ojo, “mira y aprende”. Es fácil detectar el comienzo de esta fase identificando el momento en que el hijo empezó a comportarse diferente con alguno de los padres: la primera vez que respondió de mala manera, la primera vez que le gritó, que no obedeció o que violó una regla flagrantemente. El hijo obediente empieza a mostrar lunares de desobediencia, la hija tranquila empieza a salir a pesar de que el padre le niega el permiso, etc. El otro padre, el perdedor, mira lo que ocurre y se muestra incapaz de apoyar a su cónyuge con respecto al hijo (a veces hasta lo contradice abiertamente), o lo hace de manera ineficaz. En el fondo es como que se “relamiera” de gusto al ver que alguien la defiende y “le para los machos al prepotente ese”.

El problema se va agudizando a medida que la tensión se acumula y el hijo provocador entra en escalada simétrica con el padre. Ninguno cede; ni se habla de lo que pasa, ni el hijo se calma, ni el padre recapacita y recurre a su mujer para poner coto al problema. Entonces, y esta es la cuarta fase, el hijo colma la paciencia de los padres, de ambos; el padre aliado con el hijo, el presunto “débil”, tiene que reconocer que éste se pasó de la raya y opta por darle la espalda. Recién allí le da la razón a su pareja y apoya sus medidas. El hijo involucrado ve este viraje del presunto aliado a generar provocaciones lo lleva a caer en una vorágine patológica ya sin control.
La quinta fase es obvia, eclosiona una patología con todas las de la ley y de acuerdo a las características y peculiaridades del hijo: anorexia, bulimia, psicosis, intentos de suicidio, consumo de drogas, etc. Es un corolario absurdo para una situación absurda. Tenemos así al aprendiz de héroe embrollado, involucrado y enredado en una situación de la que ya no sabe cómo salir. Quiso ayudar y empeoró la situación. Comenzó así el asfaltado de su camino al infierno.
La sexta fase, estrategias de los progenitores en torno al síntoma, suele consistir en que los padres conflictuados utilizan la enfermedad del hijo como arma para agredirse mutuamente. Sin solución a la vista para el impasse, se dedican a recriminarse y a echarse la culpa por lo que pasó. En muy contadas ocasiones, la enfermedad del hijo les sirve para recapacitar e implementar cambios significativos. La suerte del hijo está echada y su carrera como paciente profesional ha comenzado.

Reflexiones finales.

* Por más amor que sientas hacia tus padres, nunca te involucres en sus conflictos conyugales. No puedes hacer nada para mejorarlos, y antes bien, puedes ser tú el que finalmente necesite ayuda.
* Si quieres entender realmente tu conducta o la de los demás, utiliza el contexto en el que se da y las interacciones que la rodean como las principales pautas de explicación. La conducta fuera de contexto no se entiende.

Los seres humanos transitamos por los senderos de la vida y cada uno de nosotros se encuentra en una estación diferente. Por eso para uniformizar la imagen, imaginemos en nuestra mente una larga carretera o autopista que sería el sinónimo de la existencia humana. Ahora bien, ¿ cuáles son los parámetros que cada uno de nosotros utilizará para elegir el mejor camino para su vida.?. ¿ Cómo saber de antemano hacia donde dirigir nuestros esfuerzos, nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestra inteligencia?. ¿ Cómo separar adecuadamente la razón de las emociones?. Como toda decisión que tomamos a lo largo de nuestra existencia, la misma sólo puede ser evaluada en forma retrospectiva. Salvo los más jóvenes que posiblemente aún no se vieron enfrentados a tomar decisiones trascendentes en su vida, la gran mayoría de nosotros ha hecho elecciones ya en su vida y hemos recorrido caminos con los consiguientes balances que habrán arrojado los resultados más diversos, en cuanto a grado de satisfacción de lo ya vivido.

Pero hoy no podemos caer en el lamento personal o colectivo por nuestros errores o nuestros fracasos sino que la propuesta debe ser aceptar el desafío al que la vida nos expone con la convicción de que podemos lograr a partir de ahora aquellas metas y objetivos que nos hemos propuesto. Hay un tiempo para la introspección, para mirar hacia adentro, a ver cómo actuamos, y es importante respetar ese tiempo. Pero tampoco podemos eternizarnos evaluando y evaluando y creando una verdadera parálisis que no nos permite avanzar y pensar que es lo que vamos a hacer a partir de hoy mismo. Los sueños son posibles en la medida que seamos capaces de elaborar un proyecto personal creíble y sustentable para cada uno de nosotros.
Para eso necesitamos contar con:

* LA CREENCIA QUE VAMOS A SER CAPACES DE LOGRAR AQUELLOS QUE NOS PROPONEMOS.
* HERRAMIENTAS PERSONALES ÚTILES PARA CONCRETAR NUESTRAS ASPIRACIONES.
Hay tres puntos básicos para apoyar nuestro proyecto de vida:

a) LA CAPACITACIÓN: es el deseo de aprender, de ser mejor. De buscar el aprendizaje continuo de herramientas para mejorar nuestra capacidad de acción y nuestro estilo de vida. La idea del mejoramiento continuo, el no quedarnos inmovilizados, el generar nuevas ideas. Acertando con correctos planes de acción para llevarlas a cabo.

b) LA INNOVACIÓN: es crear un punto de vista distinto para llevar a cabo nuestros proyectos: Aceptando que una idea puede llevarse a cabo de varias maneras distintas no aferrándonos a una única visión. Pero no será suficiente con la Capacitación y la Innovación si no apelamos a :

c) LA ANTICIPACIÓN : que no es otra cosa que la búsqueda de la información que nos permitirá estar en el trayecto adecuado, previendo los obstáculos y sabiendo cómo neutralizarlos.
Estos tres conceptos de capacitación, de innovación y de anticipación, los podemos aplicar a cualquiera de nuestros proyectos personales, porque es respetar una metodología que minimiza los errores que habitualmente cometemos. Vamos, manos a la obra, lo soñado es posible. Es bueno creer en estos principios y fundamentar nuestra acción en ellos. Seguramente, será más fecunda.

Los cambios consisten en una serie de hechos objetivos. Pero la reacción de las personas es siempre subjetiva. El impacto que se recibe depende de la percepción que cada cual hace de los hechos. Un cambio que produce una situación más insegura pero que ofrece más oportunidades, podrá ser percibido negativamente por parte de una persona que estima sobre todo la seguridad. Pero para otra más abierta a la novedad y más ambiciosa, ese mismo cambio puede aparecer como un reto positivo y estimulante.

La velocidad con que se desencadena el cambio también contribuye a dar forma a la respuesta emocional. Para unos, un cambio determinado puede resultar demasiado lento, mientras que para otros parecerá excesivamente rápido.
Por consiguiente, podemos hablar de personas que reaccionan positivamente y de otras que reaccionan negativamente.

Finalmente, los hay que dan una respuesta ambivalente. Su percepción del cambio es positiva y negativa al mismo tiempo. Según cómo, pueden estar asustados, pero en otros momentos pueden experimentar euforia e ilusión.
La percepción negativa.
Cuando los cambios son percibidos negativamente, se observa una concatenación de fases y estados emocionales que suelen presentarse en este orden:

- Inmovilidad
- Negación
- Cólera
- Negociación
- Angustia
- Tristeza
- Depresión
- Asimilación
- Inmovilidad

Inmovilidad

Frente a un cambio que parece negativo, la primera reacción suele ser la inmovilidad. En el primer momento, muchas personas se sienten confusas y desorientadas. Son presa de una especia de estado de shock que las paraliza. Esto puede durar horas, días o incluso semanas según sea lo que haya ocurrido y la personalidad de cada cual.
Quien cambia debe comprender y aceptar esa respuesta como una cosa normal. No debe criticar a los afectados ni debe considerar, en su fuero interno, que esa reacción es inapropiada.

Negación

Como ya hemos visto, todo cambio comporta una pérdida. Se pierde una posición conocida, la seguridad que produce el hecho de hallase en un ambiente que resulta familiar. Eso induce a muchas personas a negar lo que está ocurriendo: "no pasa nada".
Muchos piensan que "no es posible" que esté aconteciendo aquello que tienen ante sus ojos. Si la evidencia es tan abrumadora que resulta insoslayable, habrá quienes lo acepten, pero experimentarán en cualquier caso una fuerte predisposición a continuar "como si nada hubiera pasado".

De esta forma, en los momentos iniciales del impacto del cambio, la inercia de la situación precedente continúa manifestándose con toda su fuerza e impide o dificulta una pronta reacción y adaptación a la nueva situación.
Si se trata de un cambio anunciado, se puede poner en duda que llegue a producirse. O se puede pensar que no hay para tanto, o que la información recibida es inexacta o exagerada. Puede incluso que se piense que "eso son tonterías" que no tienen nada que ver con la "realidad". Esos pensamientos impiden que uno se de cuenta de que esa "realidad" es justamente lo que está desapareciendo, lo que está siendo reemplazado por la verdadera realidad, que es la que está llegando y se está instalando.

Quien cambia ha de tener en cuenta que las personas afectadas están sufriendo una pérdida. Ha de saber respetar el duelo que sufren y abstenerse de discutir sobre esta cuestión. Debe, por el contrario, ayudarlas a hacer una percepción más realista de lo que está pasando. Puede también informarlas sobre el cambio que se está produciendo, los objetivos que persigue, las ayudas que pueden ser utilizadas para asimilar mejor el proceso y, si existen, las oportunidades que podrían ser aprovechadas.

Cólera

Al principio, la inmovilidad y la negación encierran a las personas en una actitud más bien pasiva. Pero pasado este primer momento, puede aparecer una respuesta más activa y airada, en forma de rabia e indignación. La frustración que se experimenta, alimenta ahora la exasperación.
La cólera puede dirigirse hacia aquel que ha traído la noticia o bien hacia las personas que parecen ser las causantes del cambio.
En esta etapa, los afectados se siente muy activos, pero no utilizan esa fuerza para asumir los hechos ni para adaptarse a la nueva situación. Por el contrario, la aplican en el intento de mantener y defender la situación anterior.
Los gestores del cambio deben esforzarse en considerar que esta reacción es lógica y no deben sentirse agraviados si son objeto de ataques personales. Deben demostrar comprensión aunque, al mismo tiempo, debe mostrarse firmes sobre la cuestión principal, eso es, que el cambio se está produciendo.

Negociación

Una vez agotada la fase de la indignación, los afectados pueden iniciar intentos de negociación. Con esta nueva actitud, se persigue lo mismo que en la fase anterior, a saber, intentar salvar la situación precedente.
En otras ocasiones, puede que intenten obtener beneficios que compensen la pérdida sufrida. Durante los intentos de negociación, los afectados pueden hacer propuestas de mejora o proponer soluciones que justifiquen el mantenimiento del statu quo.
Es así mismo posible que durante esta fase se hagan maniobras dilatorias con el objeto de ganar tiempo y postergar el cambio.

Angustia

Después de los intentos de negociación, empieza otra etapa caracterizada por un aumento del estado de ansiedad y angustia. La intensidad de esas emociones es directamente proporcional al grado de incertidumbre que presenta la nueva situación.
En este punto, las personas afectadas han empezado ya a reconocer que se encuentran en una situación nueva y que el cambio ha tenido lugar.
Sin embargo, su percepción de la nueva situación todavía es poco realista. Unos pueden creer que la nueva situación es peor de lo que es en realidad o, incluso, tener la impresión de que se están enfrentando a una catástrofe.

Si se intercalan momentos de euforia, la percepción de la nueva situación también se distorsiona y puede inducir a creer que las oportunidades emergentes son mucho mejores de lo que son en realidad.

Tristeza

La etapa de la angustia retrocede cuando empieza a surgir la tristeza. Aquí se encuentra la nostalgia que resulta de la constatación de la pérdida. Es la aflicción que produce la evidencia de que la situación precedente se ha hecho irrecuperable.
Todos esos sentimientos coagulan en la etapa siguiente, cuando aparece la depresión.

Depresión

La depresión que se sufre en este punto del proceso es una reacción normal que cualquier persona emocionalmente equilibrada puede llegar a experimentar.
Esta depresión viene estrechamente ligada a la resignación. A estas alturas del proceso, el cambio ya no se pone en duda, se reconoce que se ha producido y que la situación precedente se ha desvanecido y que pertenece al pasado.
Durante la fase de depresión, lo que se siente es una sensación de fracaso, desamparo e incluso desesperación. Las personas más desconfiadas pueden tener la impresión de que todos se han vuelto en su contra, que los amigos han fallado e, incluso, cuando la personalidad es proclive a la paranoia, se puede llegar a sospechar que uno ha sido objeto de una traición o que es víctima de una conspiración.

Lo más característico de la fase depresiva es la pérdida de impulso. La capacidad de trabajo disminuye y eso refuerza la sensación de ineptitud. La depresión se realimenta en ese bucle y la visión de la realidad se distorsiona todavía más.
El nivel de energía es tan bajo que uno se siente postrado y recluido en un estado de fatiga permanente. La fatiga aparece prematuramente. Cualquier cosa, cualquier gestión o actividad que, en circunstancias normales se realizaría sin ningún esfuerzo, ahora aparece como una montaña cuya sola visión paraliza. Durante esta fase, la gente se hunde.

La duración de la fase de depresión varía mucho entre una persona y otra. En las personas emocionalmente más equilibradas, esta fase se atraviesa y se termina. Entre otras personas con una personalidad más depresiva, puede instalarse y permanecer durante mucho tiempo. Las personalidades bipolares pueden intercalar fases de euforia y fases de abatimiento durante mucho tiempo.

Asimilación

Una vez terminada la fase depresiva se experimenta la sensación de recuperar el control de la propia vida. Gradualmente se reencuentra la capacidad de trabajo y uno empieza a sentirse abierto a nuevas oportunidades. La percepción de la realidad mejora, se hace más realista. Entonces, se puede decir que el cambio ya se ha comenzado a asimilar.

Fluctuación de la respuesta emocional.

Los tonos emocionales

Las fronteras entre estas etapas emocionales son difusas. No es que durante la primera fase de inmobilidad sólo se esté paralizado. Se pueden experimentar también brotes de negación, cólera o intentos de negociación. Pero predomina la parálisis.
Algo parecido se puede decir de las otras etapas. Por ejemplo, en la fase de "angustia" puede haber pequeños brotes de negación, cólera, tristeza o asimilación. Es decir, en cada momento predominan los sentimientos propios de ese momento pero pueden emerger pequeñas comparecencias de estados emocionales anteriores o posteriores a ese momento.

Así, incluso cuando la "asimilación" ya hace algún tiempo que se ha realizado, pueden todavía aparecer de forma exporádica estados emocionales breves que corresponden a alguna de las etapas anteriores.

La identidad personal.

A lo largo de estas fluctuaciones, la identidad primero se reafirma y lucha por preservarse tal cual se experimenta. La defensa de los deseos, los intereses y el statu quo, en realidad son una defensa angustiada de la identidad.
Luego, cuando el cambio comienza a percibirse como irreversible, la identidad entra en crisis y este es el período más duro del cambio. Ya no es posible continuar siendo lo que se era, pero todavía no se ha llegado a ser lo nuevo. Así que mientras se está en este intérvalo "se es poca cosa".

Los impresistos y los cambios.

Cuando los cambios son numeros e importantes, habría que poder dosificarlos. Considérese el caso de alguien que ha sufrido un cambio importante en su vida profesional y, después de pasar por todo la peripecia emocional y cuando se halla en plena crisis de identidad, dando los primeros pasos inciertos hacia su reorientación laboral, sufre una nueva pérdida importante (por ejemplo, la muerte de un ser querido muy próximo, un divorcio o un accidente). Entonces la crisis de identidad se agudiza todavía más.

La sumatoria de cambios.

El solapamiento de cambios importantes puede poner en peligro la identidad sobre todo cuando el cambio nuevo se plantea justo en el peor momento de todos, esto es cuando se está a punto de iniciar la reconstrucción.
La acumulación de varios cambios que se introducen sucesivamente, cada uno de ellos, en el momento más crítico del proceso anterior, pondrá en serio peligro la salud del sujeto e incluso la viabilidad de su existencia.

Considérese el caso de alguien que sufre sucesivamente tres cambios muy importantes, que se insertan, cada uno de ellos en el momento de máximo peligro. Por ejemplo:
- en primer lugar pierde su empleo
- más tarde, cuando se encuentra en la zona de máximo peligro, justo en los momentos preliminares de su reorientación laboral, sufre la pérdida de un ser querido muy próximo, y unos meses más tarde
- se ve forzado a hacer un cambio de domicilio a otra ciudad en donde no tiene anclajes sociales y queda desconectado de su entorno social anterior.

Los efectos adversos sobre la capacidad de trabajo, la autoestima y la salud se acumulan, haciendo que la recuperación de su identidad sea cada vez más difícil e incierta.

El cambio positivo.

Cuando una persona percibe un cambio como algo positivo también pasa por distintas fluctuaciones emocionales.
En el primer momento no se perciben demasiado bien las dificultades y la magnitud de los retos que deberán afrontarse. Eso puede producir un exceso de euforia y optimismo.
A veces las imágenes que uno alimenta pierden mesura y proporción. Bajo la influencia de este optimismo inicial uno puede ingenuamente creer que todo será fantástico, fácil y asequible. Podrá aparecer entonces un exceso de confianza y en tales condiciones es fácil dar pasos en falso.
A medida que el cambio se produce, empiezan a constatarse las dificultades que plantea. Entonces la confianza inicial puede debilitarse, con el riesgo de pasar a tener una percepción negativa del cambio.

Las personas sujetas al cambio pueden empezar a dudar de su capacidad para llevarlo a buen fin. Pueden creer que los retos les desbordan y pueden sentirse tentados a tirar la toalla. Cuando esta inflexión es muy clara, se puede llegar a rechazar el cambio y entrar en la dinámica propia de los cambios que parecen negativos. Si eso llega a acontecer, puede desencadenarse toda la secuencia emocional propia de los cambios "negativos", descrita más arriba.

Si la realización de cambio evoluciona bien, la gente empieza a verlo más factible y eso robustece la confianza sobre la capacidad para llevarlo a cabo. Llegados a este punto, la percepción de lo que está aconteciendo se hace más realista y las visiones más distorsionadas de las fases iniciales se tornan más realistas.
A medida que el cambio llega con éxito a sus últimas fases, y al comprobar que los resultados están al alcance de la mano, se registra un nuevo aumento de la confianza y la energía.

La emoción y la acción.

Como se ve, tanto si el cambio es percibido positiva como negativamente, se desencadena un verdadero calidoscopio de emociones durante un período de tiempo que puede llegar a prolongarse durante meses.
Lo que corresponde subrayar aquí es que durante el proceso, la percepción de la realidad sufre distorsiones, de manera que la respuesta emocional resulta alterada por visiones desfiguradas de la realidad lo que redunda en una pérdida de la calidad de la acción.

De otro lado, como ya hemos visto, mientras dura el proceso, las personas se encuentran en baja forma. Sobre todo cuando los cambios son percibidos como negativos, el desasosiego y la falta de confianza son constantes. Al llegar a la fase de depresión, la vitalidad todavía se reduce más y se experimenta una importante pérdida de la capacidad de trabajo.
En general, mientras el cambio se está produciendo, las personas se sienten desorientadas, se ponen a la defensiva, tienen crisis de confianza y experimentan problemas de autoestima. Todo esto tiene repercusiones directas sobre la salud. Aumenta el absentismo, menudean las bajas por enfermedad y las visitas al médico.

Los resentimientos que se arrastran desde hace tiempo se reavivan, los reproches por antiguos agravios reaparecen y pueden dar lugar a nuevos enfrentamientos.
En circunstancias de este tipo, la gente se radicaliza. Pierde de vista la gama de grises y empieza a verlo todo exclusivamente en blanco o en negro. Entonces las actitudes se polarizan. Los diagnósticos son ( a veces) simplificaciones de la realidad clínica, las opciones que se toman en consideración son esquemáticas, simples y extremas. Y la gente se agrupa a favor o en contra de posiciones muy elementales. La capacidad para manejar los matices y apreciar las sutilidades se debilita o desaparece. Surge lo que los cognitivistas llaman “pensamiento dicotómico”, todo o nada, blanco o negro. La ausencia de matices, grises, ect, ect.

El malestar previo a la estampida se apodera de la gente, la sensación de caos aumenta, la capacidad para dar respuestas sensatas disminuye. Cuando esos sentimientos empiezan a proliferar dentro de una organización, la debilidad global aumenta y la organización se hace más vulnerable a los ataques externos.

Cuando son muchas las personas que reaccionan de esta forma al mismo tiempo, es fácil que se produzca un proceso de “interalimentación”. Muchas personas juntas viviendo emociones simples y similares producen una circularidad reiterativa que refuerza lo que se está sintiendo. Se puede decir que, mientras dura el cambio, la organización queda inerme y pierde transitoriamente gran parte de su capacidad de respuesta creativa, original.

Todos esos efectos son especialmente acusados en los cambios de transición, pero lo son todavía más en los cambios de transformación, porque las situaciones se hacen mucho más caóticas.

Lo que trae el cambio.

Sin embargo el caos, bajo ciertas circunstancias, también tiene efectos beneficiosos que pueden ser aprovechados. Pero es necesario saber crear un clima y un entorno que sean propicios. En situación de inestabilidad se puede ser más fácil encontrar soluciones para los problemas crónicos que se arrastraban desde hace tiempo.

Obstáculos insalvables producidos por la estabilidad. Por el contrario y como es sabido, en situaciones estables, las fórmulas, las soluciones y las visiones varían muy poco. Se hallan sólidamente instaladas y, por lo tanto, es muy difícil ponerlas en cuestión y sospesar seriamente otras alternativas que podrían ser más beneficiosas.
La estabilidad puede que sea emocionalmente confortable, pero es también una jaula que impide el acceso a soluciones que podrían proporcionar alivio o facilitar salidas beneficiosas. Toda renovación, si es acertada y se realiza correctamente, abrirá una vía hacia un estado mejor. Pero, al mismo tiempo, es una peripecia peligrosa, difícil y dolorosa. El cambio puede ser un viaje prometedor pero comprometido durante el que, por el camino, se pueden perder las ilusiones, la identidad y, en los casos peores, hasta la piel.

Resultados pobres

El proceso del cambio suele durar más de lo necesario, ocasiona más miedo y sufrimiento del que seria estrictamente ineludible, debilita excesivamente el sentido de la identidad durante demasiado tiempo y encima pocas veces proporciona plenamente todo el rédito que podría proporcionar.

Otros aspectos del cambio.

La gestión del cambio presenta varios aspectos. La gestión de los cambios que cada persona experimenta personalmente, es multiforme. Este tipo de "tarea" deben realizarla todas las personas que sufren cambios personales de diferente índole. También está la asimilación de los cambios que sufren las personas más queridas y próximas.
Al igual que el cambio que se está produciendo en un grupo o una organización. Este tipo de gestión corresponde a aquellos que deben actuar profesionalmente como gestores del cambio.