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El duelo, reacción adaptativa normal ante la pérdida de un ser querido, es un acontecimiento vital estresante de primera magnitud. La muerte del cónyuge, es quizás la situación más estresante por la que puede pasar una persona. “Tierras de Sombras”, muestra la vida del escritor irlandés C.S. Lewis y su relación con la poetisa norteamericana Helen Joy Davidman, hasta el fallecimiento de ésta por un cáncer óseo. A través de preciosas imágenes ofrece una sugestiva mirada al dolor que comporta la entrega al amor.

Título: Tierras de Sombras.
Título original: Shadowlands.
País: Gran Bretaña.
Año: 1993.
Director: Richard Attenborough.
Música: George Fenton.
Guión: William Nicholson.
Intérpretes: Anthony Hopkins, Debra Winger, Joseph Mazzello, Edward Hardwicke, John Wood, Michael Dennison, James Frain, Robert Flemyng, Roddy Maude-Roxby y Andrew Hawkins.
Color: color.
Duración: 131 minutos.
Género: biografía, drama.
Sinopsis: biopic sobre los escritores C.S. Lewis y Helen Joy Davidman entre los años 1952 y 1960.
Premios: Nominada al Oscar a la Mejor Actriz (Debra Winger) y al Mejor Guión Adaptado (1993).

**La película.
Tierras de penumbra/ Shadowlands (1993) de Richard Attenborough presenta una historia de amor, la protagonizada en los años cincuenta del pasado siglo por C.S. Lewis (Anthony Hopkins) y Helen Joy Davidman (Debra Winger).
Clive Staples Lewis (1898-1963) conocido universalmente como C.S. Lewis, por los amigos como Jack y en la película por Jack Lewis fue profesor de literatura de Oxford y un gran escritor. Aunque nació en Belfast en el seno de una familia católica durante un largo periodo de su vida fue ateo volviendo más tarde al cristianismo aunque dentro de la iglesia anglicana y convirtiéndose en un gran apologista de la fe.
Helen Joy Davidman Gresham Lewis (1915-1960) fue una escritora y poetisa norteamericana de origen judío, comunista y como Lewis también atea, se convirtió al cristianismo por la influencia de las obras de éste.
La película que se refiere en esta nota, es un remake de la realizada para la televisión, con el mismo título y guionista, “Shadowlands”, en 1985 y que fue dirigida por Norman Stone.
Tras varios años de relación epistolar Joy visita a Lewis en 1952 y al año siguiente tras divorciarse del también escritor William Lindsay Gresham se instala definitivamente en Inglaterra con sus dos hijos David y Douglas Gresham, en la película solo aparece el último. La cinta presenta también otras imprecisiones históricas.
La relación entre Joy y Lewis se intensificó al trasladarse ella a vivir a Londres, pero sin salirse de los límites de una amistad puramente intelectual. En 1956 a Joy se le diagnostica un cáncer óseo, tras una mejoría momentánea recae y muere. En este ínterin se enamoran, se casan en el hospital y en la mejoría hacen un viaje a Hertfordshire. En la realidad fueron de viaje a Grecia.
La película presenta a Lewis como un profesor cauteloso que vive "encerrado en la cárcel de sí mismo", lee profusamente "para saber que no está solo" y organiza su vida privada para que nadie pueda tocarla. Porque sabe que la alegría de amar de verdad pasa de un modo u otro por saborear también el regusto amargo del dolor. Lewis en aquellos años era muy popular en el ambiente académico de Oxford, consideró y vivió la amistad como “uno de los platos fuertes en el banquete de la vida”. Era considerado un gran educador y novelista de éxito, sobre todo a través de la saga de literatura infantil “Las crónicas de Narnia”. Pero en esta película Attenborough presenta a fondo a Lewis, su encuentro gozoso y trágico a la vez, con el amor y la muerte. En efecto, esa supuesta soledad de Lewis se ve trágicamente rota por su relación con Joy Gresham, que, a diferencia de él, es pura vitalidad. En un principio, la muerte de Joy hizo tambalearse sus profundas convicciones, sin embargo, el choque con el sufrimiento le servirá finalmente para madurar. Él ya sabía la teoría. De hecho en 1947 había escrito un libro “El problema del dolor”. A lo largo del film, se ve a Lewis desarrollar en conferencias dos ideas clave en torno al dolor, que "el sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre" y defiende que es precisamente el sufrimiento el que "nos lanza al mundo de los demás". Pero será al sentir en propia carne el dolor por la muerte de un ser amado cuando comprenda el verdadero alcance de sus afirmaciones.
**El Cine y la Medicina.
Durante el siglo XX la Medicina avanzó más que en toda la historia precedente de la humanidad, generó un aumento de la esperanza de vida de tal forma que la cronicidad se presentó como una realidad importante en la actividad asistencial, donde la Medicina Paliativa tiene su razón de ser y desarrollo.
Las Unidades Básicas (Médico de Familia y el Diplomado Universitario en Enfermería) de los Equipos de Atención Primaria, son elementos del sistema de salud privilegiados porque pueden asistir a los pacientes en las diferentes fases de su desarrollo vital. La confianza que éstos depositan en sus Médicos y Enfermeras a lo largo de su vida, la apertura a la intimidad familiar a través de las visitas domiciliarias, facilita un conocimiento interpersonal y supone un soporte terapéutico. Donde se estrechan estos vínculos de una manera muy viva es en la fase terminal de la enfermedad. Pues la atención paliativa refuerza que no asistimos a una enfermedad sino a un paciente con enfermedad terminal y a su entorno familiar. Esta etapa final de la vida de nuestros pacientes, genera un gran enriquecimiento personal a los profesionales que les atendemos y facilita una mejor comprensión para las futuras atenciones, haciéndolas más humanas.
El Síndrome Terminal de enfermedad se presenta como el estado evolutivo final de las enfermedades crónicas progresivas. Los principios generales que están presentes en el ejercicio de la atención a los enfermos en fase terminal, son los mismos que gobiernan una buena práctica profesional. Pero que adquieren una especial significación en el contexto de la enfermedad terminal. Si toda situación humana requiere cuidado, la fase terminal, el dolor total, lo exige más que ningún otro. Es una oportunidad única para profundizar en las raíces de lo más humano del hombre. La observación del enfermo, ha sido el primer medio que la Medicina ha tenido de conocer las enfermedades. Nada podrá reemplazar la enseñanza por los mismos enfermos.
El cine es la gran potencia educadora de nuestro tiempo. El primer plano ha sido una de las grandes innovaciones estéticas y humanas del cine. Porque en la vida real es un infrecuente privilegio y el cine lo ha hecho habitual y comunicable, ha descubierto sus posibilidades que antes quedaban limitadas a la reducida experiencia personal. Pero en la Medicina Paliativa este “infrecuente privilegio”, no lo es tal pues se hace frecuente.
Los profesionales médicos formamos parte de la terapéutica del paciente por nuestra actitud positiva, compromiso de no abandono, disponibilidad y ofrecimiento de cuidados de cuidado y calma. Esta estrecha relación con el enfermo y su familia nos hace privilegiados en primer plano. Pues les acompañamos a nuestros pacientes hasta la muerte. Compartimos su biografía, irrepetible en primera persona, y con ella su intimidad. Aprendemos de ellos tantas cosas que se convierten en referentes para otros pacientes.
** Los aportes del cine
El cine ha hecho posible la visión del mundo lejano, ha aproximado a los hombres de cualquier parte del planeta, haciendo que eso, el mundo, exista como algo compartido, fruto de la co-creación entre las culturas. Ha logrado la visión del entorno próximo, inmediato en sus detalles, ha prodigado la concreción, antes reservada a un reducido repertorio de experiencias reales. Pero probablemente lo más innovador y decisivo que ha aportado el cine es la relación del espectador con personajes.
El cine introduce en “historias”, lleva a pensarlas, revivirlas, a empatizar con los personajes, a entender su lógica interna, sus alternativas y esa experiencia de vida ofrece luz para comprender desde el propio descubrimiento la realidad en la que se vive.
El cine se apodera de la literatura, la absorbe e incorpora, la recrea. En Tierras de penumbra escuchamos y visualizamos el pensamiento del escritor C.S. Lewis. Dice Julián Marías, que aterra pensar lo que sería el mundo actual, sometido a tantas diversas presiones manipuladoras, si no existiera el cine. El cual recuerda al hombre lo más verdadero de su realidad, mientras lo presenta en su acontecer. Y de este modo le obliga a ver, imaginar, proyectar, tener presente, la ilimitada diversidad de la vida y la necesidad de elegir entre las trayectorias abiertas.
**El cine como recurso educativo.
No es excesivo decir que el cine es el instrumento por excelencia de la educación de los afectos en nuestro tiempo. Para asistir como médicos, de una manera correcta a nuestros pacientes, necesitamos incorporar una perspectiva antropológica de la enfermedad que nos permita comprender al paciente en su enfermar concreto. Y como las Ciencias de la Salud son primordialmente prácticas, deberá ser la nuestra una antropología activa que se aplique en forma efectiva en nuestra actividad clínica. Humanismo y Antropología no son para nosotros un apéndice cultural o complemento interesante de nuestra formación académica, sino una perspectiva necesaria para ejercer con eficacia nuestra profesión, fuente de conocimiento, y base para adoptar una postura sobre la cual construir nuestra identidad profesional. Todos los recursos que los profesionales de la Salud podemos disponer, humanismo y técnica, ciencia positiva y arte, son caminos complementarios del instrumental diagnóstico y terapéutico del hacer profesional. Aprender a integrar el progreso científico en un contexto humanista para colocarlo al servicio del enfermo sería el núcleo de este proceso, verdadero regreso al origen, asimilando el presente saturado de utilísima tecnología. La Filosofía, la Medicina y el Cine se unen, enseñándonos a saber ver, al mostrar el drama humano del enfermar y del morir, contribuyendo al conocimiento de las personas, al desarrollo de la sensibilidad (capacidad de observación y de percepción), de la capacidad cognitiva (asociación de ideas, reflexiones, nuevas formas de pensamiento) y de la dimensión expresiva (exteriorización de sentimientos y emociones). Apelar a los buenos sentimientos, a la emoción, ha sido un recurso para que muchas películas ganen en humanidad. Una de las características básicas que nos diferencian a los humanos del mundo animal, es la sensibilidad, la capacidad de hacer el bien, de sentir compasión, de emocionarnos. Así, el cine se convierte en instrumento educativo de primera categoría. En definitiva el buen cine es un arte humanizante, medio de mostrar realidad y significados, enriquecedora de humanidad.
¿Qué enseñan los personajes de la película referida a los profesionales médicos?.
Se puede decir con Lewis, que las pérdidas forman parte del proceso de la vida, como la primavera sigue al invierno. El duelo como proceso del vivir, enfermar, y morir y siempre vivir. Vivimos en tierras de penumbras, pero siempre hay luz en la oscuridad.
Richard Attenborough presenta este “biopic” sobre el escritor irlandés como un encuentro gozoso y trágico del hombre con la vida y la muerte. El tema del dolor centra la película. Muestra el acontecer hasta la muerte de la mujer amada y cuenta el testimonio escrito de su duelo en su obra “Una pena en observación”.
La primera parte de la película describe el encuentro de dos personas con trayectorias vitales muy diferentes, sobre todo a la hora de enfrentarse a las "pérdidas" que se producen a lo largo de la vida.
La película presenta a Lewis como un profesor cauteloso que vive "encerrado en la cárcel de sí mismo", lee profusamente "para saber que no está solo" y organiza su vida privada para que nadie pueda tocarla. A pesar de sus encendidas proclamas, tiene miedo a darse del todo a los demás, a dejarse llevar por las emociones o las pasiones humanas, aunque sean nobles. Porque sabe que la alegría de amar de verdad pasa de un modo u otro por saborear también el gusto amargo del dolor. La felicidad eterna sólo se experimenta cuando lo que más deseas no está a tu alcance.”Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia pero nos grita en nuestros dolores”.
La impronta temprana, a los 9 años, del fallecimiento de su madre, le lleva a la “seguridad” a “protegerse de las pérdidas”. Escribe sobre el dolor en 1940 y manifiesta que escribe con el único propósito de resolver el problema intelectual suscitado por el sufrimiento...”Nada tengo que ofrecer a mis lectores, pues, sino mi convicción de que, cuando llega el momento de sufrir el dolor, ayuda más un poco de valor que un conocimiento abundante; algo de compasión humana más que un gran valor; y la más leve tintura de amor de Dios más que ninguna otra cosa.Escribo, por supuesto, como laico de la Iglesia de Inglaterra, pero he intentado no dar por sentado nada que no sea profesado por los cristianos bautizados y en comunión y le vemos en la película dar conferencias sobre el dolor y el sufrimiento a los maestros cristianos, desarrollando dos ideas claves el sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre y defiende que es el sufrimiento el que nos lanza al mundo de los demás”. Pero será, al sentir en propia carne el dolor por la muerte de un ser amado, cuando Lewis comprenda el verdadero alcance de sus afirmaciones.
C.S. Lewis en aquellos años, participaba en una animada tertulia de escritores del mundo académico de Oxford y consideró y vivió la amistad como uno de las cosas más apreciables de la vida.
Pero en esta película, Attenborough muestra a fondo su encuentro, gozoso y trágico a la vez, con el amor y la muerte. En efecto, esa supuesta soledad de Lewis se ve dolorosamente quebrada en su relación con Joy Gresham, que, a diferencia de él, es pura vitalidad. En un principio, la muerte de Joy hizo tambalear sus profundas convicciones, sin embargo, el choque con el sufrimiento le servirá finalmente para madurar. Era muy difícil abarcar plenamente la rica personalidad de Lewis, pero su talla humana e intelectual queda patente en la película. En este sentido la sutilísima y contenida caracterización de Anthony Hopkins resulta magistral; como lo es también la de Debra Winger, que le valió la nominación al Oscar a la mejor actriz.
La compleja puesta en escena, de ritmo apacible, permite una sólida definición de caracteres y ambientes. Además, Attenborough, evita con precisión la tendencia hacia el exceso quizá propio de esta historia. Tratando siempre que la reflexión serene, controle el desborde, el sentimentalismo fácil o el melodrama. La belleza formal de esta película es un reflejo de una profunda verdad: la que se refiere a la dignidad, la trascendencia y la capacidad de amor, solidaridad y sacrificio del ser humano.
El personaje de Joy muestra la experiencia de pérdidas- divorcio, violencia de género, carencia de dinero- pero se implica en la vida, es espontánea, utiliza el humor, vive en la realidad, llama a las cosas por su nombre. “Mi marido es alcohólico y compulsivamente infiel, ¡me ha agotado!”.Es ella quien echa en cara a Lewis que se ha rodeado de gente menos capaz que él, de manera que él siempre pueda, gracias a su genio, salir victorioso de toda disputa dialéctica. Para Jack todo se reduce a discursos, le falta integrar su experiencia. Y esto es lo que Joy le reclama: que le hable de su experiencia. Lewis recuerda a Joy ¿cómo era ella? Su pensamiento era ágil, rápido. Ni la pasión ni la ternura ni el dolor, eran capaces de hacerla deprimir.
**Enfermedad y realidad.
Asistiendo al “Festival del Saber” Joy acompaña a Jack a ver sus habitaciones en el Magdalen Collage de Oxford, hace gestos de dolor “¡Estoy agotada!”. A los pocos días la vemos caída en el suelo al intentar responder a una llamada telefónica de Jack, se fractura el fémur derecho. En una de sus conferencias Jack dice: “Ayer una amiga mía estaba perfectamente bien, un minuto después sufría una agonía, y esta mañana le han dicho la enfermedad, cáncer. ¿Por qué? Cuando quieres a alguien quieres sufrir tú sus dolores. ¿Por qué no piensa así Dios?”
Joy afronta el diagnóstico con realismo y hasta con sentido del humor quiere saber la verdad, necesita saberla.
Es esta relación amorosa la que permite a Jack introducirse en el misterio del dolor. Sólo así el aparente sin sentido se transforma en una experiencia de bien. Joy hace que la vida de Jack tenga sentido, y sin embargo es una relación en que la muerte se hace patente en todo instante. Ahora para Jack la realidad se presenta no como algo que se puede controlar, sino como una sorpresa en la que constantemente se encuentra desarmado; un desarme que le hace entrar en la realidad confiado y esperanzado.
Con Joy, por primera vez en su vida, Jack hace la experiencia del sufrimiento en forma personal. La experiencia de la muerte de su madre le hizo buscar la seguridad, y no aceptó el sufrimiento. Ahora el amor por Joy le permite ponerse delante de si y compartir juntos un destino que acaba haciéndose común. Es por tanto la relación amorosa la que permite a Jack introducirse en el misterio del dolor.
Cuando reciben en compañía los resultados de las pruebas médicas, el pronóstico es de meses o de semanas. “Nos conformaremos con lo que dure. Gracias amor mío, ¿por qué?, por todo”.
Es a partir de este momento cuando nos muestran una forma de vivir con enfermedad nos enseñan a no estar centrados en la enfermedad, sino en el vivir esperanzado de cada día. Por eso observamos tan poca presencia médica. Lo que importa es el acontecer diario. Lo que hace feliz la vida de Jack es su amor por Joy. Así le merece la pena pasar por todo sufrimiento. Sólo así puede llegar a ser feliz. Cuesta entender pero es así. Lo que hace posible que el hombre no sucumba ante el mal – y el sufrimiento y el dolor son un mal- es una relación de amor que le sostiene. Por la cual el hombre se ve cambiado. Joy le hace presente en todo momento el bien de su relación, sin pasar por alto la muerte.
Mientras comparten un bello paisaje, Jack afirma que eso es todo lo que puede desear. “No nos amarguemos el tiempo que aún podamos estar juntos” y Joy le responde: “déjame que te lo diga antes de que pare la lluvia: que me voy a morir y también que quiero estar contigo entonces y sólo podré hacerlo si puedo hablar de ello ahora. Puede haber algo mejor, el dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora, ese es el trato”.
Joy es la manifestación del realismo, que de nuevo ayuda a Jack a colocarse delante de la realidad de una manera verdadera. Sin olvidarse de ninguno de sus factores, por más que estos puedan ser dolorosos. Por eso dice que el dolor forma parte de la felicidad y no debe censurarlo. Sólo teniendo presente este factor, la relación puede ser más real. Y vale la pena vivir la vida en primera persona, pues el dolor que forma parte de la misma nos pone en la disyuntiva de elegir vivirla o no. Vivimos en tierras de sombras, pero siempre hay luz en la oscuridad.
Jack tiene que decidir, es su libertad la que está comprometida en la respuesta. Observa a sus amigos colegas y los ve refugiarse en su entorno seguro, como él estaba antes. Ahora él afronta con libertad su realidad, compartir su vida con Joy. Solamente el sufrimiento saca a la luz la verdad. Sólo bajo la tortura del sufrimiento podrá el hombre descubrirse así mismo. Los sufrimientos deben tener un sentido. Si son necesarios, es que no existe Dios, o el que hay es malo. Si existe un Dios bienintencionado, será que esos sufrimientos son necesarios. Porque ningún ser medianamente bueno podría infligírselos o permitírselos si hubiera otro remedio. De un modo u otro hay que vivirlo, y con cierta dignidad.
Ante la nueva recaída arreglan la casa, para que Joy pueda estar presente y compartir la actividad diaria. El hijo de Joy, Douglas, le pregunta a Jack: ¿No puedes hacer nada? No hay respuesta.
Se acerca el final. “En estos breves años pasados, Joy y yo festejábamos el amor en cualquiera de sus modalidades: la solemne y alegre, la romántica y realista, tan dramática a veces como una tempestad, otras veces tan confortable y carente de énfasis como cuando te pones unas zapatillas cómodas. No había fisura del corazón ni del cuerpo que quedara insatisfecha. Si Dios fuera un simple sustituto del amor, habríamos perdido todo interés por Él. ¿A quién le importan los sustitutos cuando tiene en las manos la misma cosa? Pero no es eso todo lo que ocurre. Nosotros dos sabíamos que deseábamos algo que estaba por encima del uno y del otro, algo especial y bien diferente. Lo contrario sería como decir que cuando los amantes cuando se tienen el uno al otro, ya en adelante no van a tener nunca ganas de leer, de comer o de respirar”.
La propia Joy cuando se estaba muriendo de cáncer, y perfectamente consciente del hecho, dijo que había perdido gran parte del horror que antes le tenía. Cuando llegó la hora de la verdad, el hombre y la idea estaban ya desactivados en alguna medida.”Es increíble cuánta felicidad y hasta cuanta diversión vivimos a veces juntos, incluso después de que toda esperanza se había desvanecido. Qué largo y tendido, qué serenamente, con cuanto provecho llegamos a hablar aquella última noche, estrechamente unidos. Pero no, no tan unidos. Existe un límite marcado por la “propia carne”. No puedes compartir realmente la debilidad de la otra persona, ni su miedo, ni su dolor...solía recitar una frase “Solo dentro de la soledad”, decía que lo que sentía era algo así...Tiempo, espacio y cuerpo eran los verdaderos hilos que nos unían, los hilos de teléfono a través de los cuales nos comunicábamos, si se corta uno de ellos o los dos al mismo tiempo, para el caso es lo mismo, ¿cómo no va a interrumpirse la comunicación?”.
En la escena que antecede a la muerte Joy sufre. El dolor físico no está bien controlado. “Estoy cansada, quiero descansar pero no quiero dejarte...tienes que dejarme marchar, no creo que pueda, tienes que cuidar a Douglas. Me has hecho muy feliz, eres la mejor persona del mundo”.
Una de las escenas finales más conmovedoras, nos muestra a Douglas y Jack llorando juntos. El niño le reconoce que no cree en el cielo pero añade: sin embargo “me gustaría verla”. El deseo humano más primitivo es el de eternidad. El niño intuye que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida del hombre. “Nada hay más contrario a la razón que aceptar que a la persona que amas nunca más la vas a volver a ver, abrazar, besar... sería forzar al hombre a negar su deseo más humano”.
Lewis reconoce “A los niños no puedo hablarles de ella. Las veces que lo he intentado, en sus rostros no asoma dolor, miedo, amor ni compasión, sino embarazo, que es el peor de todos los falsos consejeros. Me miran como si estuviera cometiendo una indecencia. Están deseando que me calle. A mí me pasó lo mismo cuando murió mi madre, cada vez que mi padre la nombraba. No se lo puedo reprochar. Es la manera de ser de los niños. Los niños no quieren explicaciones, quieren presencias”.
C.S. Lewis dejó escrito en “Una pena en observación”, su adaptación al duelo. Sus reflexiones enriquecen el conocimiento de esta fase de la vida.
“La muerte es un tajo en seco al amor...el duelo forma parte integral y universal de la experiencia del amor... No deseamos realmente que la pena se prolongue en su primer estadio de agonía... Lo que pasa es que confundimos el síntoma con la cosa misma. La aflicción no es el truncamiento del amor conyugal sino una de sus fases regulares, como lo es la luna de miel...Hay que aceptar el dolor como algo inherente a esta fase...Pero si nos aclaramos con nosotros mismos, no vamos a estar buscando el dolor por el dolor. Cuanto menos mejor...mejor por cualquier parte que se mire. Porque he descubierto una cosa, el dolor no nos une con los muertos, nos separa de ellos”.
“Sea como sea, mi programa lo tengo bien claro. Volver a ella con alegría las más veces que pueda. Hasta saludarla con una sonrisa. Cuando menos la lloro, más cerca me parece sentirla”.”Un programa admirable. Solo que, desgraciadamente, no se puede cumplir. Esta noche se me ha vuelto a abrir todo el infierno de la herida reciente: las palabras insensatas, el amargo resentimiento, el mariposeo en el estómago, la irrealidad de pesadilla, el baño de lágrimas. Porque en la pena nada se asienta. Está uno saliendo de una fase, pero siempre se repite. Vueltas y revueltas... Dicen que los cobardes mueren muchas veces, eso les pasa a los seres amados. Creí que podría describir una “comarca”, elaborar un mapa de la tristeza. Pero la tristeza no se ha revelado como una comarca sino como un proceso. No es un mapa lo que requiere, es una historia, y si no dejo de escribir esta historia en un momento determinado, por capricho que sea, no habría razón para que dejara de escribir nunca. La pena es como un valle dilatado y sinuoso, que a cada curva puede revelar un paisaje totalmente nuevo… ¿Te diste cuenta en algún momento amor mío, de lo mucho que te llevaste contigo al morir? Me despojaste hasta de mi pasado, hasta de las cosas que nunca compartimos.
Pero aunque ya ahora me voy conociendo demasiado bien como para llamarlos duraderos, existen dos grandes beneficios: mi pensamiento cuando se vuelve hacia Dios, ya no se encuentra con aquella puerta del cerrojo echado. Y cuando se vuelve hacia Joy ya no se encuentra con aquel vacío, con aquel embrollo de mis imágenes mentales sobre ella. Mis notas muestran parte del proceso pero no tanto como yo esperaba. Ella dijo: estoy en paz con Dios y sonrió pero no me sonreía a mí, luego se volvió a la fuente eterna”.
El dolor siempre será un misterio en la vida del hombre. Lewis, no nos ha resuelto el problema del dolor, pero nos ha enseñado un modo de vivirlo, hacerlo en primera persona. Potenciar esta actitud en nuestros pacientes y sus familiares, enriquece nuestra realidad. Dado que sino podemos dar años a la vida sí podemos dar vida a los años.

El duelo, reacción adaptativa normal ante la pérdida de un ser querido, es un acontecimiento vital estresante de primera magnitud. La muerte del cónyuge, es quizás la situación más estresante por la que puede pasar una persona. “Tierras de Sombras”, muestra la vida del escritor irlandés C.S. Lewis y su relación con la poetisa norteamericana Helen Joy Davidman, hasta el fallecimiento de ésta por un cáncer óseo. A través de preciosas imágenes ofrece una sugestiva mirada al dolor que comporta la entrega al amor.

Título: Tierras de Sombras.
Título original: Shadowlands.
País: Gran Bretaña.
Año: 1993.
Director: Richard Attenborough.
Música: George Fenton.
Guión: William Nicholson.
Intérpretes: Anthony Hopkins, Debra Winger, Joseph Mazzello, Edward Hardwicke, John Wood, Michael Dennison, James Frain, Robert Flemyng, Roddy Maude-Roxby y Andrew Hawkins.
Color: color.
Duración: 131 minutos.
Género: biografía, drama.
Sinopsis: biopic sobre los escritores C.S. Lewis y Helen Joy Davidman entre los años 1952 y 1960.
Premios: Nominada al Oscar a la Mejor Actriz (Debra Winger) y al Mejor Guión Adaptado (1993).

**La película.
Tierras de penumbra/ Shadowlands (1993) de Richard Attenborough presenta una historia de amor, la protagonizada en los años cincuenta del pasado siglo por C.S. Lewis (Anthony Hopkins) y Helen Joy Davidman (Debra Winger).
Clive Staples Lewis (1898-1963) conocido universalmente como C.S. Lewis, por los amigos como Jack y en la película por Jack Lewis fue profesor de literatura de Oxford y un gran escritor. Aunque nació en Belfast en el seno de una familia católica durante un largo periodo de su vida fue ateo volviendo más tarde al cristianismo aunque dentro de la iglesia anglicana y convirtiéndose en un gran apologista de la fe.
Helen Joy Davidman Gresham Lewis (1915-1960) fue una escritora y poetisa norteamericana de origen judío, comunista y como Lewis también atea, se convirtió al cristianismo por la influencia de las obras de éste.
La película que se refiere en esta nota, es un remake de la realizada para la televisión, con el mismo título y guionista, “Shadowlands”, en 1985 y que fue dirigida por Norman Stone.
Tras varios años de relación epistolar Joy visita a Lewis en 1952 y al año siguiente tras divorciarse del también escritor William Lindsay Gresham se instala definitivamente en Inglaterra con sus dos hijos David y Douglas Gresham, en la película solo aparece el último. La cinta presenta también otras imprecisiones históricas.
La relación entre Joy y Lewis se intensificó al trasladarse ella a vivir a Londres, pero sin salirse de los límites de una amistad puramente intelectual. En 1956 a Joy se le diagnostica un cáncer óseo, tras una mejoría momentánea recae y muere. En este ínterin se enamoran, se casan en el hospital y en la mejoría hacen un viaje a Hertfordshire. En la realidad fueron de viaje a Grecia.
La película presenta a Lewis como un profesor cauteloso que vive "encerrado en la cárcel de sí mismo", lee profusamente "para saber que no está solo" y organiza su vida privada para que nadie pueda tocarla. Porque sabe que la alegría de amar de verdad pasa de un modo u otro por saborear también el regusto amargo del dolor. Lewis en aquellos años era muy popular en el ambiente académico de Oxford, consideró y vivió la amistad como “uno de los platos fuertes en el banquete de la vida”. Era considerado un gran educador y novelista de éxito, sobre todo a través de la saga de literatura infantil “Las crónicas de Narnia”. Pero en esta película Attenborough presenta a fondo a Lewis, su encuentro gozoso y trágico a la vez, con el amor y la muerte. En efecto, esa supuesta soledad de Lewis se ve trágicamente rota por su relación con Joy Gresham, que, a diferencia de él, es pura vitalidad. En un principio, la muerte de Joy hizo tambalearse sus profundas convicciones, sin embargo, el choque con el sufrimiento le servirá finalmente para madurar. Él ya sabía la teoría. De hecho en 1947 había escrito un libro “El problema del dolor”. A lo largo del film, se ve a Lewis desarrollar en conferencias dos ideas clave en torno al dolor, que "el sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre" y defiende que es precisamente el sufrimiento el que "nos lanza al mundo de los demás". Pero será al sentir en propia carne el dolor por la muerte de un ser amado cuando comprenda el verdadero alcance de sus afirmaciones.
**El Cine y la Medicina.
Durante el siglo XX la Medicina avanzó más que en toda la historia precedente de la humanidad, generó un aumento de la esperanza de vida de tal forma que la cronicidad se presentó como una realidad importante en la actividad asistencial, donde la Medicina Paliativa tiene su razón de ser y desarrollo.
Las Unidades Básicas (Médico de Familia y el Diplomado Universitario en Enfermería) de los Equipos de Atención Primaria, son elementos del sistema de salud privilegiados porque pueden asistir a los pacientes en las diferentes fases de su desarrollo vital. La confianza que éstos depositan en sus Médicos y Enfermeras a lo largo de su vida, la apertura a la intimidad familiar a través de las visitas domiciliarias, facilita un conocimiento interpersonal y supone un soporte terapéutico. Donde se estrechan estos vínculos de una manera muy viva es en la fase terminal de la enfermedad. Pues la atención paliativa refuerza que no asistimos a una enfermedad sino a un paciente con enfermedad terminal y a su entorno familiar. Esta etapa final de la vida de nuestros pacientes, genera un gran enriquecimiento personal a los profesionales que les atendemos y facilita una mejor comprensión para las futuras atenciones, haciéndolas más humanas.
El Síndrome Terminal de enfermedad se presenta como el estado evolutivo final de las enfermedades crónicas progresivas. Los principios generales que están presentes en el ejercicio de la atención a los enfermos en fase terminal, son los mismos que gobiernan una buena práctica profesional. Pero que adquieren una especial significación en el contexto de la enfermedad terminal. Si toda situación humana requiere cuidado, la fase terminal, el dolor total, lo exige más que ningún otro. Es una oportunidad única para profundizar en las raíces de lo más humano del hombre. La observación del enfermo, ha sido el primer medio que la Medicina ha tenido de conocer las enfermedades. Nada podrá reemplazar la enseñanza por los mismos enfermos.
El cine es la gran potencia educadora de nuestro tiempo. El primer plano ha sido una de las grandes innovaciones estéticas y humanas del cine. Porque en la vida real es un infrecuente privilegio y el cine lo ha hecho habitual y comunicable, ha descubierto sus posibilidades que antes quedaban limitadas a la reducida experiencia personal. Pero en la Medicina Paliativa este “infrecuente privilegio”, no lo es tal pues se hace frecuente.
Los profesionales médicos formamos parte de la terapéutica del paciente por nuestra actitud positiva, compromiso de no abandono, disponibilidad y ofrecimiento de cuidados de cuidado y calma. Esta estrecha relación con el enfermo y su familia nos hace privilegiados en primer plano. Pues les acompañamos a nuestros pacientes hasta la muerte. Compartimos su biografía, irrepetible en primera persona, y con ella su intimidad. Aprendemos de ellos tantas cosas que se convierten en referentes para otros pacientes.
** Los aportes del cine
El cine ha hecho posible la visión del mundo lejano, ha aproximado a los hombres de cualquier parte del planeta, haciendo que eso, el mundo, exista como algo compartido, fruto de la co-creación entre las culturas. Ha logrado la visión del entorno próximo, inmediato en sus detalles, ha prodigado la concreción, antes reservada a un reducido repertorio de experiencias reales. Pero probablemente lo más innovador y decisivo que ha aportado el cine es la relación del espectador con personajes.
El cine introduce en “historias”, lleva a pensarlas, revivirlas, a empatizar con los personajes, a entender su lógica interna, sus alternativas y esa experiencia de vida ofrece luz para comprender desde el propio descubrimiento la realidad en la que se vive.
El cine se apodera de la literatura, la absorbe e incorpora, la recrea. En Tierras de penumbra escuchamos y visualizamos el pensamiento del escritor C.S. Lewis. Dice Julián Marías, que aterra pensar lo que sería el mundo actual, sometido a tantas diversas presiones manipuladoras, si no existiera el cine. El cual recuerda al hombre lo más verdadero de su realidad, mientras lo presenta en su acontecer. Y de este modo le obliga a ver, imaginar, proyectar, tener presente, la ilimitada diversidad de la vida y la necesidad de elegir entre las trayectorias abiertas.
**El cine como recurso educativo.
No es excesivo decir que el cine es el instrumento por excelencia de la educación de los afectos en nuestro tiempo. Para asistir como médicos, de una manera correcta a nuestros pacientes, necesitamos incorporar una perspectiva antropológica de la enfermedad que nos permita comprender al paciente en su enfermar concreto. Y como las Ciencias de la Salud son primordialmente prácticas, deberá ser la nuestra una antropología activa que se aplique en forma efectiva en nuestra actividad clínica. Humanismo y Antropología no son para nosotros un apéndice cultural o complemento interesante de nuestra formación académica, sino una perspectiva necesaria para ejercer con eficacia nuestra profesión, fuente de conocimiento, y base para adoptar una postura sobre la cual construir nuestra identidad profesional. Todos los recursos que los profesionales de la Salud podemos disponer, humanismo y técnica, ciencia positiva y arte, son caminos complementarios del instrumental diagnóstico y terapéutico del hacer profesional. Aprender a integrar el progreso científico en un contexto humanista para colocarlo al servicio del enfermo sería el núcleo de este proceso, verdadero regreso al origen, asimilando el presente saturado de utilísima tecnología. La Filosofía, la Medicina y el Cine se unen, enseñándonos a saber ver, al mostrar el drama humano del enfermar y del morir, contribuyendo al conocimiento de las personas, al desarrollo de la sensibilidad (capacidad de observación y de percepción), de la capacidad cognitiva (asociación de ideas, reflexiones, nuevas formas de pensamiento) y de la dimensión expresiva (exteriorización de sentimientos y emociones). Apelar a los buenos sentimientos, a la emoción, ha sido un recurso para que muchas películas ganen en humanidad. Una de las características básicas que nos diferencian a los humanos del mundo animal, es la sensibilidad, la capacidad de hacer el bien, de sentir compasión, de emocionarnos. Así, el cine se convierte en instrumento educativo de primera categoría. En definitiva el buen cine es un arte humanizante, medio de mostrar realidad y significados, enriquecedora de humanidad.
¿Qué enseñan los personajes de la película referida a los profesionales médicos?.
Se puede decir con Lewis, que las pérdidas forman parte del proceso de la vida, como la primavera sigue al invierno. El duelo como proceso del vivir, enfermar, y morir y siempre vivir. Vivimos en tierras de penumbras, pero siempre hay luz en la oscuridad.
Richard Attenborough presenta este “biopic” sobre el escritor irlandés como un encuentro gozoso y trágico del hombre con la vida y la muerte. El tema del dolor centra la película. Muestra el acontecer hasta la muerte de la mujer amada y cuenta el testimonio escrito de su duelo en su obra “Una pena en observación”.
La primera parte de la película describe el encuentro de dos personas con trayectorias vitales muy diferentes, sobre todo a la hora de enfrentarse a las "pérdidas" que se producen a lo largo de la vida.
La película presenta a Lewis como un profesor cauteloso que vive "encerrado en la cárcel de sí mismo", lee profusamente "para saber que no está solo" y organiza su vida privada para que nadie pueda tocarla. A pesar de sus encendidas proclamas, tiene miedo a darse del todo a los demás, a dejarse llevar por las emociones o las pasiones humanas, aunque sean nobles. Porque sabe que la alegría de amar de verdad pasa de un modo u otro por saborear también el gusto amargo del dolor. La felicidad eterna sólo se experimenta cuando lo que más deseas no está a tu alcance.”Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia pero nos grita en nuestros dolores”.
La impronta temprana, a los 9 años, del fallecimiento de su madre, le lleva a la “seguridad” a “protegerse de las pérdidas”. Escribe sobre el dolor en 1940 y manifiesta que escribe con el único propósito de resolver el problema intelectual suscitado por el sufrimiento...”Nada tengo que ofrecer a mis lectores, pues, sino mi convicción de que, cuando llega el momento de sufrir el dolor, ayuda más un poco de valor que un conocimiento abundante; algo de compasión humana más que un gran valor; y la más leve tintura de amor de Dios más que ninguna otra cosa.Escribo, por supuesto, como laico de la Iglesia de Inglaterra, pero he intentado no dar por sentado nada que no sea profesado por los cristianos bautizados y en comunión y le vemos en la película dar conferencias sobre el dolor y el sufrimiento a los maestros cristianos, desarrollando dos ideas claves el sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre y defiende que es el sufrimiento el que nos lanza al mundo de los demás”. Pero será, al sentir en propia carne el dolor por la muerte de un ser amado, cuando Lewis comprenda el verdadero alcance de sus afirmaciones.
C.S. Lewis en aquellos años, participaba en una animada tertulia de escritores del mundo académico de Oxford y consideró y vivió la amistad como uno de las cosas más apreciables de la vida.
Pero en esta película, Attenborough muestra a fondo su encuentro, gozoso y trágico a la vez, con el amor y la muerte. En efecto, esa supuesta soledad de Lewis se ve dolorosamente quebrada en su relación con Joy Gresham, que, a diferencia de él, es pura vitalidad. En un principio, la muerte de Joy hizo tambalear sus profundas convicciones, sin embargo, el choque con el sufrimiento le servirá finalmente para madurar. Era muy difícil abarcar plenamente la rica personalidad de Lewis, pero su talla humana e intelectual queda patente en la película. En este sentido la sutilísima y contenida caracterización de Anthony Hopkins resulta magistral; como lo es también la de Debra Winger, que le valió la nominación al Oscar a la mejor actriz.
La compleja puesta en escena, de ritmo apacible, permite una sólida definición de caracteres y ambientes. Además, Attenborough, evita con precisión la tendencia hacia el exceso quizá propio de esta historia. Tratando siempre que la reflexión serene, controle el desborde, el sentimentalismo fácil o el melodrama. La belleza formal de esta película es un reflejo de una profunda verdad: la que se refiere a la dignidad, la trascendencia y la capacidad de amor, solidaridad y sacrificio del ser humano.
El personaje de Joy muestra la experiencia de pérdidas- divorcio, violencia de género, carencia de dinero- pero se implica en la vida, es espontánea, utiliza el humor, vive en la realidad, llama a las cosas por su nombre. “Mi marido es alcohólico y compulsivamente infiel, ¡me ha agotado!”.Es ella quien echa en cara a Lewis que se ha rodeado de gente menos capaz que él, de manera que él siempre pueda, gracias a su genio, salir victorioso de toda disputa dialéctica. Para Jack todo se reduce a discursos, le falta integrar su experiencia. Y esto es lo que Joy le reclama: que le hable de su experiencia. Lewis recuerda a Joy ¿cómo era ella? Su pensamiento era ágil, rápido. Ni la pasión ni la ternura ni el dolor, eran capaces de hacerla deprimir.
**Enfermedad y realidad.
Asistiendo al “Festival del Saber” Joy acompaña a Jack a ver sus habitaciones en el Magdalen Collage de Oxford, hace gestos de dolor “¡Estoy agotada!”. A los pocos días la vemos caída en el suelo al intentar responder a una llamada telefónica de Jack, se fractura el fémur derecho. En una de sus conferencias Jack dice: “Ayer una amiga mía estaba perfectamente bien, un minuto después sufría una agonía, y esta mañana le han dicho la enfermedad, cáncer. ¿Por qué? Cuando quieres a alguien quieres sufrir tú sus dolores. ¿Por qué no piensa así Dios?”
Joy afronta el diagnóstico con realismo y hasta con sentido del humor quiere saber la verdad, necesita saberla.
Es esta relación amorosa la que permite a Jack introducirse en el misterio del dolor. Sólo así el aparente sin sentido se transforma en una experiencia de bien. Joy hace que la vida de Jack tenga sentido, y sin embargo es una relación en que la muerte se hace patente en todo instante. Ahora para Jack la realidad se presenta no como algo que se puede controlar, sino como una sorpresa en la que constantemente se encuentra desarmado; un desarme que le hace entrar en la realidad confiado y esperanzado.
Con Joy, por primera vez en su vida, Jack hace la experiencia del sufrimiento en forma personal. La experiencia de la muerte de su madre le hizo buscar la seguridad, y no aceptó el sufrimiento. Ahora el amor por Joy le permite ponerse delante de si y compartir juntos un destino que acaba haciéndose común. Es por tanto la relación amorosa la que permite a Jack introducirse en el misterio del dolor.
Cuando reciben en compañía los resultados de las pruebas médicas, el pronóstico es de meses o de semanas. “Nos conformaremos con lo que dure. Gracias amor mío, ¿por qué?, por todo”.
Es a partir de este momento cuando nos muestran una forma de vivir con enfermedad nos enseñan a no estar centrados en la enfermedad, sino en el vivir esperanzado de cada día. Por eso observamos tan poca presencia médica. Lo que importa es el acontecer diario. Lo que hace feliz la vida de Jack es su amor por Joy. Así le merece la pena pasar por todo sufrimiento. Sólo así puede llegar a ser feliz. Cuesta entender pero es así. Lo que hace posible que el hombre no sucumba ante el mal – y el sufrimiento y el dolor son un mal- es una relación de amor que le sostiene. Por la cual el hombre se ve cambiado. Joy le hace presente en todo momento el bien de su relación, sin pasar por alto la muerte.
Mientras comparten un bello paisaje, Jack afirma que eso es todo lo que puede desear. “No nos amarguemos el tiempo que aún podamos estar juntos” y Joy le responde: “déjame que te lo diga antes de que pare la lluvia: que me voy a morir y también que quiero estar contigo entonces y sólo podré hacerlo si puedo hablar de ello ahora. Puede haber algo mejor, el dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora, ese es el trato”.
Joy es la manifestación del realismo, que de nuevo ayuda a Jack a colocarse delante de la realidad de una manera verdadera. Sin olvidarse de ninguno de sus factores, por más que estos puedan ser dolorosos. Por eso dice que el dolor forma parte de la felicidad y no debe censurarlo. Sólo teniendo presente este factor, la relación puede ser más real. Y vale la pena vivir la vida en primera persona, pues el dolor que forma parte de la misma nos pone en la disyuntiva de elegir vivirla o no. Vivimos en tierras de sombras, pero siempre hay luz en la oscuridad.
Jack tiene que decidir, es su libertad la que está comprometida en la respuesta. Observa a sus amigos colegas y los ve refugiarse en su entorno seguro, como él estaba antes. Ahora él afronta con libertad su realidad, compartir su vida con Joy. Solamente el sufrimiento saca a la luz la verdad. Sólo bajo la tortura del sufrimiento podrá el hombre descubrirse así mismo. Los sufrimientos deben tener un sentido. Si son necesarios, es que no existe Dios, o el que hay es malo. Si existe un Dios bienintencionado, será que esos sufrimientos son necesarios. Porque ningún ser medianamente bueno podría infligírselos o permitírselos si hubiera otro remedio. De un modo u otro hay que vivirlo, y con cierta dignidad.
Ante la nueva recaída arreglan la casa, para que Joy pueda estar presente y compartir la actividad diaria. El hijo de Joy, Douglas, le pregunta a Jack: ¿No puedes hacer nada? No hay respuesta.
Se acerca el final. “En estos breves años pasados, Joy y yo festejábamos el amor en cualquiera de sus modalidades: la solemne y alegre, la romántica y realista, tan dramática a veces como una tempestad, otras veces tan confortable y carente de énfasis como cuando te pones unas zapatillas cómodas. No había fisura del corazón ni del cuerpo que quedara insatisfecha. Si Dios fuera un simple sustituto del amor, habríamos perdido todo interés por Él. ¿A quién le importan los sustitutos cuando tiene en las manos la misma cosa? Pero no es eso todo lo que ocurre. Nosotros dos sabíamos que deseábamos algo que estaba por encima del uno y del otro, algo especial y bien diferente. Lo contrario sería como decir que cuando los amantes cuando se tienen el uno al otro, ya en adelante no van a tener nunca ganas de leer, de comer o de respirar”.
La propia Joy cuando se estaba muriendo de cáncer, y perfectamente consciente del hecho, dijo que había perdido gran parte del horror que antes le tenía. Cuando llegó la hora de la verdad, el hombre y la idea estaban ya desactivados en alguna medida.”Es increíble cuánta felicidad y hasta cuanta diversión vivimos a veces juntos, incluso después de que toda esperanza se había desvanecido. Qué largo y tendido, qué serenamente, con cuanto provecho llegamos a hablar aquella última noche, estrechamente unidos. Pero no, no tan unidos. Existe un límite marcado por la “propia carne”. No puedes compartir realmente la debilidad de la otra persona, ni su miedo, ni su dolor...solía recitar una frase “Solo dentro de la soledad”, decía que lo que sentía era algo así...Tiempo, espacio y cuerpo eran los verdaderos hilos que nos unían, los hilos de teléfono a través de los cuales nos comunicábamos, si se corta uno de ellos o los dos al mismo tiempo, para el caso es lo mismo, ¿cómo no va a interrumpirse la comunicación?”.
En la escena que antecede a la muerte Joy sufre. El dolor físico no está bien controlado. “Estoy cansada, quiero descansar pero no quiero dejarte...tienes que dejarme marchar, no creo que pueda, tienes que cuidar a Douglas. Me has hecho muy feliz, eres la mejor persona del mundo”.
Una de las escenas finales más conmovedoras, nos muestra a Douglas y Jack llorando juntos. El niño le reconoce que no cree en el cielo pero añade: sin embargo “me gustaría verla”. El deseo humano más primitivo es el de eternidad. El niño intuye que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida del hombre. “Nada hay más contrario a la razón que aceptar que a la persona que amas nunca más la vas a volver a ver, abrazar, besar... sería forzar al hombre a negar su deseo más humano”.
Lewis reconoce “A los niños no puedo hablarles de ella. Las veces que lo he intentado, en sus rostros no asoma dolor, miedo, amor ni compasión, sino embarazo, que es el peor de todos los falsos consejeros. Me miran como si estuviera cometiendo una indecencia. Están deseando que me calle. A mí me pasó lo mismo cuando murió mi madre, cada vez que mi padre la nombraba. No se lo puedo reprochar. Es la manera de ser de los niños. Los niños no quieren explicaciones, quieren presencias”.
C.S. Lewis dejó escrito en “Una pena en observación”, su adaptación al duelo. Sus reflexiones enriquecen el conocimiento de esta fase de la vida.
“La muerte es un tajo en seco al amor...el duelo forma parte integral y universal de la experiencia del amor... No deseamos realmente que la pena se prolongue en su primer estadio de agonía... Lo que pasa es que confundimos el síntoma con la cosa misma. La aflicción no es el truncamiento del amor conyugal sino una de sus fases regulares, como lo es la luna de miel...Hay que aceptar el dolor como algo inherente a esta fase...Pero si nos aclaramos con nosotros mismos, no vamos a estar buscando el dolor por el dolor. Cuanto menos mejor...mejor por cualquier parte que se mire. Porque he descubierto una cosa, el dolor no nos une con los muertos, nos separa de ellos”.
“Sea como sea, mi programa lo tengo bien claro. Volver a ella con alegría las más veces que pueda. Hasta saludarla con una sonrisa. Cuando menos la lloro, más cerca me parece sentirla”.”Un programa admirable. Solo que, desgraciadamente, no se puede cumplir. Esta noche se me ha vuelto a abrir todo el infierno de la herida reciente: las palabras insensatas, el amargo resentimiento, el mariposeo en el estómago, la irrealidad de pesadilla, el baño de lágrimas. Porque en la pena nada se asienta. Está uno saliendo de una fase, pero siempre se repite. Vueltas y revueltas... Dicen que los cobardes mueren muchas veces, eso les pasa a los seres amados. Creí que podría describir una “comarca”, elaborar un mapa de la tristeza. Pero la tristeza no se ha revelado como una comarca sino como un proceso. No es un mapa lo que requiere, es una historia, y si no dejo de escribir esta historia en un momento determinado, por capricho que sea, no habría razón para que dejara de escribir nunca. La pena es como un valle dilatado y sinuoso, que a cada curva puede revelar un paisaje totalmente nuevo… ¿Te diste cuenta en algún momento amor mío, de lo mucho que te llevaste contigo al morir? Me despojaste hasta de mi pasado, hasta de las cosas que nunca compartimos.
Pero aunque ya ahora me voy conociendo demasiado bien como para llamarlos duraderos, existen dos grandes beneficios: mi pensamiento cuando se vuelve hacia Dios, ya no se encuentra con aquella puerta del cerrojo echado. Y cuando se vuelve hacia Joy ya no se encuentra con aquel vacío, con aquel embrollo de mis imágenes mentales sobre ella. Mis notas muestran parte del proceso pero no tanto como yo esperaba. Ella dijo: estoy en paz con Dios y sonrió pero no me sonreía a mí, luego se volvió a la fuente eterna”.
El dolor siempre será un misterio en la vida del hombre. Lewis, no nos ha resuelto el problema del dolor, pero nos ha enseñado un modo de vivirlo, hacerlo en primera persona. Potenciar esta actitud en nuestros pacientes y sus familiares, enriquece nuestra realidad. Dado que sino podemos dar años a la vida sí podemos dar vida a los años.

El ser humano puede obtener placer -más o menos- de cualquier cosa. Edgar Morín considera que los espectadores de cine que son capaces de cooperar con las películas que ven combinan intrayección (empatía por los personajes) y proyección (experiencias más o menos vividas, transplantadas en la historia que se desarrolla ante ellos). El cine, como tecnología visual, ofrece la posibilidad de explorar la experiencia de acercamiento al “otro”, gracias al proceso de identificaciones que todo espectador ha de realizar frente al film. Un elemento que va a ser de significativa ayuda para comprender la influencia del cine en los seres humanos es la existencia de las neuronas de espejo, con las que estamos biológicamente equipados para la empatía y la compasión, para romper las barreras que nos separan de los otros y sentir como ellos. Este grupo neuronal identificado por Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma (en una zona cercana al área de Broca), es un sistema que podría considerarse clave para nuestra condición como seres sociales, en los procesos de aprendizaje, la comprensión de trastornos tan complejos como el autismo e incluso en la evolución del lenguaje. El sistema de neuronas de espejo, se pone en funcionamiento cuando ejecutamos una acción, y vemos que alguien realiza el mismo movimiento. Su actividad, implica el reconocimiento de la intencionalidad de otros individuos. Forman la base de la comunicación intencional. Permiten imitar las acciones y entenderlas y proveen una manera de hacer esta distinción y reaccionar de manera apropiada. Se piensa que estas células nerviosas podrían albergar una íntima relación con la empatía, con la capacidad para imitar al prójimo y con la habilidad de nuestra mente para “mirar” la mente de los demás. Así, cuando un individuo ve a alguien tomar una pelota, su cerebro la “toma” también y vive todo el proceso de lanzarla como si realmente lo estuviera haciendo. Ahora bien, el sistema del espejo no se detiene en los movimientos, sino que también refleja aspectos más sutiles del comportamiento, como son las emociones y demuestra que verdaderamente somos seres sociales. Sobrevivir socialmente supone saber ponerse en el lugar del otro, competencia de la que carecen los autistas. “Nos ponen en el lugar del otro, pero no de forma abstracta”, dice Rizzolatti, sino sintiendo como él otro, lo que explica nuestra fácil identificación con las grandes historias de amor, como “Casablanca”, (1942) de Michael Curtiz.
Mirar un film no es tanto descubrir los significados que el director ofreció a través de la película, como la producción de “sentido” por los espectadores. Numerosos experimentos han demostrado que la gente tiene tendencia a imitar de forma inconsciente los movimientos de los desconocidos porque esta especie de empatía motora facilita las relaciones y la aceptación mutua. Las emociones sociales como la culpa, la vergüenza, el orgullo e incluso la humillación se reflejan en las neuronas espejo. Tenemos un sistema que resuena porque el ser humano está concebido para reaccionar ante los otros. Sin embargo, eso precisa de la conciencia. Sin la consciencia de uno mismo y del otro no es posible ponerse en el lugar del otro. Al igual que ocurre con la empatía, también en este caso hay personas con mejores antenas que otras para captar a los demás, siendo presumiblemente su sistema de espejo más activo. Lo esencial en toda representación realista es que el espectador tenga la sensación de que si fuese él situado en las mismas circunstancias, actuaría exactamente igual, sea en para bien o para mal. Las debilidades del personaje deben ser humanas porque así los espectadores pueden reconocer las suyas propias en ellas de modo que cuando el personaje actue heroicamente, se sientan también capaces de identificarse con él. El cine es universal no en el sentido del “ocurre necesariamente a todos”, sino en el de “podría ocurrirle a cualquiera”.
*Conclusiones.
El cine es un elemento muy importante para la difusión actual de la cultura, la creación de actitudes públicas y de ideas sobre la ciencia y sociedad en general. Permite observar la vida como un todo. Moviliza al intelecto, al afecto y a varios sentidos a la vez, y a través de la empatía que se construye entre el espectador y las vivencias de los actores, es capaz de facilitar una mejor comprensión del ser humano. Para aprovecharlo en plenitud, sin embargo, es necesario adquirir una buena formación para aprender a ver y distinguir lo real de lo accesorio y a descodificar el significado que tienen las imágenes. El esfuerzo por la búsqueda de la verdad y la universalidad no claudica con la llegada del cine. Por el contrario, se refuerza a través de éste y de otros lenguajes y manifestaciones de la expresión humana. El cine nos permite conocer mejor el mundo. Además de conocer mejor las características de la condición humana.

Ficha técnica
Dirección: Orson Welles
Producción: Albert Zugsmith
Guión: Orson Welles, Whit Masterson
Reparto: Charlton Heston,Janet Leigh,Orson Welles,Joseph Calleia,Marlene Dietrich,
Akim Tamiroff y Joanna Moore.
Género: Film noir
Duración: 108 minutos
*Touch of evil (distribuida en español variadamente como Sed de mal, Sombras del mal o Toque de maldad), considerada por muchos críticos como la segunda mejor obra de Orson Welles, es una película que retrata, de modo turbio e incluso melancólico, la resolución de un caso policial de asesinato en la frontera méxico-estadounidense. Protagonizada por Charlton Heston, Janet Leigh y Orson Welles (además del significativo rol secundario de Marlene Dietrich) la cinta parece debatirse en dos tópicos: la resolución del crimen y el desenlace del personaje de Welles, quien encarna a Hank Quinlan, un detective con un pasado trágico y un presente sombrío. Que, sin duda, se roba el protagonismo de la película. Por más que Heston sea la “estrella”.
*A este film se le atribuye “el” gran momento del Cine Negro, resaltando tanto el manejo del tema, como el relato cinematográfico y el uso de diversos recursos para el movimiento de cámara. Habiéndose dado a conocer en Hollywood con la muy aclamada cinta Citizen Kane/El Ciudadano, Orson Welles se había consolidado como cineasta, en todo el sentido de la palabra, Se desenvolvió en los roles de dirección, actuación y producción y ciertamente, como genio. Había marcado, en 1941, un antes y después con un film que traía un innovador uso del lenguaje en el cine, a través de una serie de recursos visuales y narrativos (profundidad de campo, fotogramas en claroscuro y juegos de iluminación, así como los notables movimientos de cámara, -que no son menores en la película Sed de Mal-, entre otros).
Resulta claro, entonces, el porqué de las libertades que le eran otorgadas cuando llegó a encargarse de la dirección de Sed de Mal en 1958. Sin embargo, y muy a pesar de lo muy evidente de su talento, éste cineasta no conseguía ser “rentable” para los estudios. Finalmente, dadas la autonomía asumía por Welles y otras minuciosidades caprichosas (hacía caso omiso de las complacencias narrativas y temáticas) que no eran entendidas. Ciertamente, por quienes no tenían capacidad para poder hacerlo.
Resulta obvia la decisión que los Estudios Universal tomaron, al contratar a otro director para que se encargase de la historia. Historia de la cual el mismo Welles hacía parte como actor.
Haciendo breve la trama, podemos decir que, de aquella visión orsoniana de 103 minutos, se omitieron unos cinco minutos de tomas significativas para el entendimiento de escenas clave, en la proyección comercial de la época. Una de ellas es la de Suzie (Janet Leigh) al encontrarse acorralada en u motel por los jóvenes de la familia Grandi, momento al que, aquellos conocedores de la primera versión, se refieren como confuso.
Para fortuna nuestra, Welles “se tomó la molestia” de elaborar un memo con todas las especificaciones necesarias respecto a planos, tiempos, movimientos, música, etcétera. Documento que se recuperaría, años después, a manos del grupo de recosntrucción, al mando de Walter Mürch.
* Muchos aseguran que son aproximadamente 50 cambios –decisivos- desde la versión de 1958 a la que vemos y disfrutamos ahora. 50 cambios que marcaron a Sed de Mal como una de las grandes obras de Welles. Algo así como un homenaje póstumo.
Relato en movimiento: tanto y más que grúas, dollys y travellings .La historia, criticada por algunos por la inverosimilitud de algunas acciones y ciertos diálogos, no creo que deba calificarse per sé, sino en virtud de la forma. Es el relato y no la historia la que la hace verdaderamente brillante. De ahí a que debamos hacer capítulo aparte a la forma y su estructura. Por lo menos, en sus momentos clave.
Ahora bien, si hay algo que no se puede evitar resaltar es aquella famosa secuencia inicial en la que nos son introducidos los personajes: toda una sinfonía. Casi una coreografía en absoluta sincronicidad. Cada persona, paso, auto, señal dan de una minuciosidad impresionante. Se nos presenta, mediante una cámara en toma ininterrumpida, a una pareja dirigiéndose, y luego manejando, un auto portador de una bomba. A su paso por un viejo pueblo mexicano, éste adelanta y se deja adelantar por otra pareja que camina hacia la frontera (Charlton Heston y Janet Leigh), éstos últimos se detienen frente a un oficial que les indaga por su procedencia (momento en el cual se da cuenta del papel primordial de Vargas como investigador y héroe). El auto les alcanza y les pasa nuevamente. Boom!!!! Ininterrumpida, reitero. El público los observa de frente, de lado, desde arriba, los persigue, los deja ir, los detiene…y tras unos segundos después la explosión.
Sin ninguna duda, la fabulosa expresividad de la cámara, merece un aplauso. Los movimientos de planos secuenciales, así como la fotografía de Russell Metty son grandes a destacar. De cualquier modo, no se puede dejar atrás ese juego de luces y sombras que representa, de algún modo, la misma ambigüedad que refleja la trama de la película. Se trata de la claridad, escasamente arrojada, en las escenas y en la resolución del caso (o tal vez del personaje de Quinlan, que, de cierta manera, parece ser más central que la misma historia y que el mismo héroe).
Por otro lado está la música de Mancini con una mezcla interesante, aunque por momentos altisonantes. Jazz, bossa-nova, salsa, rock'n'roll y, por supuesto, música mexicana, son los ingredientes principales en su composición. Valga decir que parte de la fuerza que tiene esta banda sonora es que fue utilizada en el film de manera diegética. Es decir sonando de fondo en numerosas escenas en las que hay puesto un tocadiscos, una pianola o una banda que interpreta sus piezas en "directo".
Algunos críticos, se han referido a esta cinta como un “valiente suicidio cometido por uno de los espíritus más intransigentes de toda la historia del cine estadounidense, pero creer que su conducta era inocente sería una torpe ingenuidad” ¿Cómo se lee esto?
La imagen ofrecida por Welles a través del personaje de Hank Quinlan -esa figura robusta, sudorosa, desaliñada, repugnante en ocasiones…otras fea, sufrida e indeseable- parece representar al mismo Orson Welles. Desde la perspectiva de aquella industria cinematográfica hollywoodense, quienes prácticamente despreciaban (¿qué mayor prueba que el despido “de por vida”?) al cineasta.
Quinlan es un rol que corporiza todo lo contrario a aquél Star System reclama y aún así, comprende un protagonismo mayor que el mismo Charlton Heston. A quien podría exigírsele un poco más de carisma, del cual carece completamente. Su recordación es en gran medida absorbida por el personaje –magníficamente- encarnado por Welles, el cual hace del mismo un acto –gran acto- de deformación no exenta de rebeldía. Éste sería hermosamente contrastado con la figura de Tana. Papel que desempeña Marlene Dietrich: por un lado, Tana, una mujer bella, una prostituta y bruja. Por otro una Marlene aclamada como estrella y parte del mundo-glamour, ambas enteramente conscientes de lo que son.
….un hombre excepcional. Gran detective, mal policía”. Así define Marlene Dietrich, al personaje de Welles.
El toque de maldad (de su título original Touch of Evil) está inmerso en Quinlan y en la justicia. Es decir su personal visión de la justicia, lo que va de consuno con lo métodos que él practica. También, por lo que lucha. La fascinación que genera este personaje en los espectadores es realmente, impresionante. Un ser de naturaleza turbia, justificado por su pasado, respetado y querido (tal vez) por una sociedad que no lo conoce. Donde sólo una persona (curiosamente, del otro lado de la frontera, Tana), puede presentar aquel otro aspecto que lo hacen vulnerable, medianamente sensible. En una de ésas comprendido. En el fondo Quinlan es un ser que está muerto antes de estarlo. Esta, ya acabado. Quizá todo esto sean dimensiones del mismo Welles. Quien nos lega una verdadera obra del denominado “cine negro”. Aunque aquí falte un poco más el lado sociológico y la mujer fatal de turno. Pero está Welles en su triple magistral intervención: como co-guionista, director y co-protagonista. Se recomienda su visión, si no lo ha hecho. Si lo hizo y se olvidó de ella, revívala en su memoria. O véala de nuevo. Cualquier alternativa es mejor que tirarla en el olvido.

A los 76 años, Clint Eastwood está filmando las mejores películas de su carrera. "Cartas de Iwo Jima" ha sido nominada a cuatro Premios de la Academia , entre otros, al de mejor película y al de mejor director.
"La conquista del honor", que Eastwood también dirigió, recibió dos nominaciones. El crítico de cine de The New York Times A. O. Scott hace poco lo calificó como "el más grande cineasta viviente de los Estados Unidos".
Tales elogios son el último capítulo del ascenso creativo de Eastwood. Hace dos años, su "Million Dollar Baby" ganó los premios a mejor película y mejor director, repetición de su éxito con "Los imperdonables" a los 62 años, su primer Oscar luego de hacer películas durante más de veinte años.
La escultora Louise Bourgeois tiene 95. Este año, se la honrará con una retrospectiva en el museo Tate Modern de Londres. En noviembre pasado, su Spider, escultura que realizó a la edad de 87 años, se vendió en un remate por 4 millones de dólares, el precio más alto que se haya pagado por su obra y uno de los más altos jamás pagados por la obra de un escultor vivo.
¿Semejante creatividad en la vejez es algo excepcional? A Eastwood y Bourgeois a menudo se los considera anomalías.
Sin embargo, tales arcos profesionales, mejoras graduales que culminan en logros tardíos, explican muchos de los aportes más importantes a las artes. El hecho de que nuestra sociedad en general no reconozca esta realidad indica que estamos pasando por alto un concepto clave en la creatividad.
Con frecuencia suponemos que la creatividad es dominio exclusivo de la juventud, que los grandes artistas son genios jóvenes, iconoclastas impetuosos y brillantes. Arthur Rimbaud, Pablo Picasso, T. S. Eliot, F. Scott Fitzgerald y Orson Welles, todos revolucionaron sus disciplinas artísticas siendo adolescentes o veinteañeros.
Pero hay otro camino hacia el éxito artístico, uno que no depende de fogonazos repentinos de intuición sino de una acumulación de conocimientos a través de la prueba y el error que finalmente lleva a manifestaciones novedosas de sapiencia y discernimiento. Es el camino de Eastwood y Bourgeois, y fue el camino de otra serie de artistas. Entre ellos podemos mencionar a: Tiziano y Rembrandt, Monet y Rodin, Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, Mark Twain y Henry James, Robert Frost y Elizabeth Bishop, por ejemplo.
Paul Cézanne es el arquetipo de esta clase de innovadores experimentales. Luego de desaprobar el examen de ingreso a la prestigiosa Êcole de Arts se fue de París frustrado por su incapacidad para competir con los precoces artistas jóvenes. Formuló su objetivo artístico, de darle solidez al Impresionismo, recién después de los 30. Luego pasó más de tres décadas recluido en su casa de Aix, desarrollando concienzudamente su estilo maduro para tratar de representar la belleza de su nativa Provenza. Finalmente, ya siendo sexagenario, creó las obras de arte que influyeron en todos los artistas importantes de la generación siguiente.
El costo de pasar por alto el ejemplo de Cézanne es enorme —y no sólo para las artes—.
Quizá la lección más importante sea para los mismos innovadores experimentales: no renuncien. Hay tiempo para hacer obras que alteren todo el juego después de los 30.
Los grandes innovadores florecen a los 30 (Jackson Pollock), los 40 (Virginia Woolf), los 50 (Fedor Dostoievsky), los 60 (Cézanne), los 70 (Eastwood) y los 80 (Bourgeois).
¿Quién sabe cuántos posibles Cézanne estamos pasando por alto actualmente? ¿Qué habría pasado si Eastwood hubiese dejado de dirigir a los 52, después del fracaso de crítica de "Firefox”, su filme de 1982 sobre un piloto estadounidense de cazabombarderos que roba un avión soviético con armas controladas por el pensamiento?. Esto demuestra que cualquier “joven” de las edades mencionadas, puede poner en marcha su mente para ver que tipo de innovaciones hace con lo mucho que aprendió en su vida. Todo esto está guardado en el “capital de experiencias y aprendizajes” de cada uno de nosotros. No piense en su edad. Haga, innove, de lugar a que lo personal que tiene Ud. se manifieste en acciones concretas.


Cualquier expresión artística se basa en la realidad, esto es en la vida. Aún en las más prodigiosas fantasías artísticas, se halla una referencia a ése terreno que nos uno llamado realidad. Por supuesto esto es válido para el cine, el cual como ejemplo temático va a ser centro de esta nota. Pues partiendo de una película notable, voy a extraer algunas conclusiones válidas para el lector, cualquiera sea su edad y sitio de responsabilidad.

El film en una breve sinopsis argumental.

Se trata de “La tormenta de hielo”, película dirigida por el notable cineasta taiwanés Ang Lee. La acción se desarrolla en New Canaan, un pueblo periférico a Nueva York. Su mirada converge hacia dos familias de clase media alta. Los Hood (Benjamin y Helena (padres), Paul y Wendy los hijos. Los Carver (Janey y Jim –los padres- y sus dos hijos varones. En forma de lo que podríamos llamar “distanciamiento crítico”, Lee describe lúcida e implacablemente los estados internos de estos ocho seres. El marco temporal es la época de la “liberación sexual”, coincidiendo con los días de Watergate y la caída de Nixon.

Que hay en ellos –principalmente en los padres- superficialidad, banalidad, inmadurez, vacío de sentimientos, y una totalidad de conducción real sobre los hijos (todos adolescentes). Hay una tremenda incapacidad para observar y observarse autocríticamente, y una atontada huída hacia delante. Denomino así la “pura acción”, ir, simplemente ir. Sin saber adonde, qué se hace o para qué se lo hace. Ni qué hablar de metas elegidas o comprometidas.

Hallan, los personajes mayores, en el sexo (ejerciéndolo amoral e irresponsablemente), una insatisfacción que los lleva a una mayor desorientación axiológica y teleológica (valores y metas). Por su parte los adolescentes andan solos, sin guía (sólo existe la aparente), van a la deriva. Mientras deben enfrentar las primeras experiencias referentes al despertar sexual. La dos familias están en un período de severa crisis (que los mayores no pueden ver, ni prever, y por tanto accionar (esto lo desarrollaré más adelante). La acción transcurre en dos días y el clímax dramático lo da una tormenta de hielo que reviste por afuera la crisis interna de los protagonistas. Esta es la parte más interesante del film (lo que evidencia la pericia de Lee para manejar los tiempos), mientras los adolescentes muestran su sensibilidad, los adultos sólo hacen el ridículo. Este contraste no está groseramente remarcado. No, el director deja que el espectador saque sus propias conclusiones. Su “primer plano mental” sigue el relato, pero su “segundo plano” mental acusa recibo, siente y valora lo que ve. Lee, para ello ha trabajado casi la mitad del film, mostrando con pequeñas pinceladas (pero vaya calidad!!) las psicologías de estos pobres seres. Los califico así pues uno se pregunta si es así el género humano, realmente cuan poco vale.

El relato está a cargo de Paul –el hijo mayor de los Hood- que apoyándose en la lectura de un cómic hace relato “en off” de la historia que referimos. Así junto a la tormenta externa, les toca a los protagonistas enfrentarse con la realidad hasta entonces negada. Frío por fuera, vació por dentro. El sexo pasa a ser –para los mayores- la última estación de esta huida. Como el sexo sin amor, no es nada, se quedan en la nada. No hay repuesta e inserción en un código social, por tanto se manejen en los niveles biológicos más primitivos (la sexualidad deshumanizada).

Relación filme/realidad.

Las familias y los matrimonios tienen su desgraciado final (especialmente para los hijos), por dos vías: crisis (en forma rápida) o lisis (forma lenta, crónica). El grado de percatación de los adultos es variable, es muy frecuente que los hijos (tal como pasa en “La tormenta de hielo”), abran los ojos antes que los adultos, dándose cuenta de lo que está sucediendo. Hay una película que tiene muchos puntos de contacto con la que referimos en esta nota, “Gente como uno”, opera prima de Robert Redford. Hay padres que se refieren a ella como dura, otros que les he visto suspender su visión. Les toca sus falencias y conflictos. En “Gente como uno” y en “Días de vino y rosas (dirigida sabiamente por Blake Edwards), hay una madre que abandona su rol. Situación grave que en ambas películas es fruto de la percepción del fracaso en el rol materno.

Como profesional he visto bastante frecuentemente, casi en copia lo que muestra la película. Primero el desencuentro conyugal, luego la caída en la promiscuidad sexual ( o en el alcohol, también ambas). Luego suceden problemas psiquiátricos en los hijos ( a la corta o a la larga): depresiones, adicciones, intentos de suicidio, trastornos de personalidad. Los padres (a veces) intentan rectificar su conducta.Tarde ya toman conciencia de la intervención de su desafecto y falta de conducción en el enfermar de sus hijos. Pero rápidamente lo niegan, los ayudan pero tomando distancia de su participación en el fracaso existencial de ellos y –lo que es peor- de sus hijos. Son padres grandes ya, siguen opacos, caricatura de lo que pudieron ser, tal como acontece en el filme. Hay que tener una personalidad sana para evaluar, categorizar y asumir las realidades cambiantes. Pocisicionarse frente a la realidad para analizarla, y decidir responsablemente que hacer. Hacer, no hacer como si….Véase el film, para comprender lo que quiero decir.
Por lo cual esta nota viene a ser una suerte de audiovisual. Sólo leyéndola y viendo “La tormenta de hielo”, puede el lector/espectador, tener una experiencia interesante. Ojalá. Invito a los lectores para que me escriban dándome su opinión. Serán agradecidas.

“La tormenta de hielo” “The ice storm”, USA, 1997. Dirigida por Ang Lee. Escrita por James Schamus. Casting: Avy Kaufman. Elenco: Kevin Kline, Joan Allen, Sigourney Weaver, Cristina Ricci, Tobey Mcguire, Eliajh Wood y Adam Byrd.

En la película que referimos en la nota anterior (El arte como imitación de la vida), hay dos mundos netamente divididos. El de los jóvenes, que encarnan la búsqueda, la pureza, la espontaneidad de la conducta no contaminada por la forma de pensar de los mayores.

Deben enfrentar las primeras experiencias referentes al despertar sexual. Esas dos familias están en un período de severa crisis (que los mayores no pueden ver, ni prever, y por tanto accionar. La acción transcurre en dos días y el clímax dramático lo da una tormenta de hielo que reviste por afuera la crisis interna de los protagonistas. En toda la secuencia de la tormenta de hielo, lo que vemos es a los adolescentes mostrar su sensibilidad, los adultos sólo hacen el ridículo. El ridículo llega a su punto máximo en la secuencia donde los mayores proceden a la ceremonia de los llaveros y el cambio de esposas. Conducta de moda en los años setenta en nuestro país, como los singers a posteriori.

¿Que ocurre con estas personas que se comporta de modo tan patológico, que llega a este tipo de prácticas?. El vacío existencial. No hay nada que les falte, excepto una brújula para su existencia. Como no saben que hacer, ello es seguido de no saber cómo divertirse. Entonces, eligen la sexualidad primitiva del “cambio de parejas”. Cubierta de risas y una seudoalegría que oculta lo que no tienen: una auténtica alegría. Que brota de sentirse plenamente insertado en la vida, con un propósito y una finalidad que le permita comunicarse fluida y sensiblemente con el otro.

He visto esto, y también sus secuelas, que a veces tardan años en detectarse. Estas incluyen hijos con trastornos de conducta, depresiones, con adicciones al alcohol o a la cocaína, desorganización en sus sistemas axiológicos, imposibilidad para insertarse laboralmente etc. En síntesis: vidas tronchadas, que tienen su origen en la incapacidad de los padres.

Las vertientes de la incapacidad

Esa incapacidad tiene varias vertientes, relacionadas entre sí. La analizaremos.
*Primero, un falla comunicacional, que en el film mencionado queda claramente expuesto en secuencias donde aislada y escuetamente (¿para mantener la formalidad?) el padre le pregunta al hijo –torpemente por la falta de práctica- por su desarrollo y su intimidad.
*Segundo, por carencias afectivas. Aquí nuevamente la forma supera al fondo. Preocupaciones por lo que les falta, más no el afecto expresado con calidez y cotidianamente. El afecto por supuesto nace de esa urdimbre afectiva, que es la familia. Los afectos sostienen la red de vínculos y la propia comunicación.
*Tercero, padres con tales comportamientos no son en absoluto buenos modelos. Recordemos que los padres trasfieren a sus hijos modelos de comportamiento. Los cuales llevan incluidos creencias, valores, actitudes, imágenes de mundo etc. De modo que si los padres son modelos ineficientes, inadecuados o francamente enfermos, ello puede ser aprendido a través de la observación por sus hijos.
Por cualquiera de las vías mencionadas (muchas veces reforzadas por amistades malsanas o el propio entorno social), los adolescentes o los niños mayores, llegan a su propio fracaso a través de la inercia, el vagar o el enfermar.

Crisis familiar.

El serio problema de la desorganización y desintegración familiar siempre está vigente. Se entiende por desorganización, una familia en apariencia vigente, pero con roles ausentes en su ejercicio. Tal es lo que se ve en el film tomado como ejemplo.La desorganización a veces puede tener solución a través de lo que se llama terapia familiar. La cual conviene reforzar con la terapia individual del miembro más enfermo.
La desintegración es la ruptura total de los vínculos, sin que los miembros (especialmente los mayores), les importe el reunificar las partes perdidas.
Estas dos formas pueden llegar a su triste final, por crisis (forma súbita) o por lisis (forma lenta), para ambas puede haber factores desencadenantes, por ejemplo la pérdida de uno de los miembros.

El sexo como último refugio.

Ang Lee, ha trabajado casi la mitad del film, mostrando con pequeñas pinceladas (pero vaya calidad!!) las psicologías de estos pobres seres. Los califico así pues uno se pregunta si es así el género humano, realmente cuan poco vale.
Así junto a la tormenta externa, les toca a los protagonistas enfrentarse con la realidad hasta entonces negada. Frío por fuera, vació por dentro. El sexo pasa a ser –para los mayores- la última estación de esta huida. Como el sexo sin amor, no es nada, se quedan en la nada. La modalidad conductual que les queda como mera apariencia de vida es el sexo des-humanizado. Como hemos dicho, donde no impera el código humano, ni el social, resta el imperio de los sentidos. En su forma más primitiva (la sexualidad simple y llana). Es decir (para repetirlo), la nada. Por más que se la invista de ropajes variados, con el tiempo, queda la nada..

Relación filme/realidad.

El grado de percatación de la crisis por parte de los adultos es variable, es muy frecuente que los hijos (tal como pasa en “La tormenta de hielo”), abran los ojos antes que los adultos, dándose cuenta de lo que está sucediendo. Hay una película que tiene muchos puntos de contacto con la que referimos en esta nota, “Gente como uno”, opera prima de Robert Redford. Hay padres que se refieren a ella como dura, otros que les he visto suspender su visión. Les toca sus falencias y conflictos. En “Gente como uno” y en “Días de vino y rosas (dirigida sabiamente por Blake Edwards), hay una madre que abandona su rol. Situación grave que en ambas películas es fruto de la percepción del fracaso en el rol materno. Como profesional he visto bastante frecuentemente, casi en copia lo que muestra la película. Primero el desencuentro conyugal, luego la caída en la promiscuidad sexual ( o en el alcohol, también ambas). Luego suceden problemas psiquiátricos en los hijos ya mencionados. Los padres (a veces) intentan rectificar su conducta. Tarde ya, toman conciencia de la intervención de su desafecto y falta de conducción en el enfermar de sus hijos. Pero rápidamente lo niegan, los ayudan pero tomando distancia de su participación en el fracaso existencial de ellos y –lo que es peor- de sus hijos. Son padres grandes ya, siguen opacos, caricatura de lo que pudieron ser, tal como acontece en el filme. Hay que tener una personalidad sana para evaluar, categorizar y asumir las realidades cambiantes. Pocisicionarse frente a la realidad para analizarla, y decidir responsablemente que hacer. Hacer, no hacer como si….Véase el film, para comprender lo que quiero decir. Por lo cual esta nota viene a ser una suerte de audiovisual. Sólo leyéndola y viendo “La tormenta de hielo”, puede el lector/espectador, tener una experiencia interesante. Ojala. Invito a los lectores para que me escriban dándome su opinión. Serán agradecidas.

“La tormenta de hielo” “The ice storm”, USA, 1997. Dirigida por Ang Lee. Escrita por James Schamus. Casting: Avy Kaufman. Elenco: Kevin Kline, Joan Allen, Sigourney Weaver, Cristina Ricci, Tobey Mcguire, Eliajh Wood y Adam Byrd.